IRRESPONSABILIDAD DE LOS CONDUCTORES.
‘Perdió el control’: ¿dolo o culpa?
Nelson Delgado Peña
Lo que hay detrás de esos epílogos que titulan la mayoría de medios de comunicación "perdió el control", es muerte, dolor y complicidad. No me detengo en el suceso de la muerte en sí, porque sabemos que acaece hoy o mañana, pero cuando esta llega por la insensatez e irresponsabilidad de los choferes y a la insensibilidad de las autoridades debo detenerme, al menos un instante, para descomponer esa lapidaria frase "perdió el control" y darle un componente más apropiado, más justo.
El pasado fin de semana dos choferes causaron la muerte violenta de dos panameños que se sometieron al atentado de subirse en esos vehículos mortuorios llamados "diablos rojos", cuyos conductores disfrutan apostando con sus regatas a ver quién llega primero al cementerio. Los medios solo atisban a indicar de los choferes: "perdieron el control".
Cuánto dolor y rabia quedan en las familias de los muertos, que además del imprevisto costo de enterrar a sus seres queridos, deben soportar el quebranto de su ausencia, con la misma frase que pareciera atenuar las responsabilidades que como sociedad, hemos ayudado a enquistar hasta en las mismas autoridades: "perdió el control".
¿Hasta qué punto ese "perdió el control" es dolo o culpa a la luz del derecho? La culpa, "es la actitud consciente de la voluntad que determina la verificación de un hecho típico y antijurídico por omisión del deber de cuidado que le era exigible al agente según sus condiciones personales y circunstancias en que actuó" (Derecho Penal, Alfonso Reyes E., Pag. 317, Universidad Externado de Colombia). También, del riguroso examen de la doctrina general, se desprende que el dolo es el resultado de la intención de causar daño al verificarse la conducta punible.
¿Cuál debería ser entonces la interpretación? Sistemáticamente la ley debe ser compatible con la realidad actual, para llegar a formular cuestionamientos y respuestas: cuando un chofer decide hacerse del volante en estado de embriaguez, sabe que puede causar la muerte de personas y daños a la sociedad, y aun así lo hace. Cuando los choferes compiten en regatas, son conscientes que pueden matar y lesionar a personas o cosas, y aun así lo hacen. Cuando los choferes conducen vehículos descompuestos, saben que pueden causar muerte y dolor, y aun así lo hacen. Quienes bajo estos conceptos actúan, son homicidas, asesinos que deben sancionarse sin prerrogativa alguna.
Lo peor del caso es que quienes operan esos cajones mortuorios, saben que finalmente la sociedad y las autoridades califican esos actos "intencionales" como delitos culposos y, claro, excluyentes de responsabilidad penal, mientras miles de familias dedican su esfuerzo a limosnear un peso para enterrar a sus muertos y seguir sus días enconando resentimientos, gritando, desconsoladas, que no hay justicia.
La sociedad y las autoridades debemos reaccionar ante ese injusto calificativo "perdió el control", para que se castigue con todo el peso de la ley y sin beneficios a quienes causan tanta desgracia.
El autor es docente universitario
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