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Panamá, viernes 14 de marzo de 2008
 

TRABAJO. La cosecha de caña es una de las labores agrícolas más difíciles.

La difícil vida en la zafra

Las condiciones laborales han mejorado, pero todavía no son suficientes para hacer este trabajo atractivo.

La zafra empieza el 15 de febrero y finaliza a mediados o finales de marzo.

LA PRENSA/David Mesa
SACRIFICIO. Los jornaleros trabajan más de ocho horas diarias en las zonas cañeras en Chiriquí y Coclé.997891
Zoraida Chong
zchong@prensa.com

José González se encuentra en su primera zafra en Chiriquí. A sus 21 años ha trabajado en diversas labores del campo que lo alejaron de la escuela, no por gusto sino por necesidad. Eso queda claro hoy que le arden las ampollas de las manos y las tiene llenas de un hollín pegajoso, producto de la quema de la caña que se realiza previo a la cosecha.

Aún así sonríe. Como muchos trabajadores rurales de las provincias centrales y del occidente del país, José y algunos de sus familiares y amigos viajan cada febrero a las zonas de cañaverales para conseguir un trabajo que dura entre uno y dos meses, y que les ayuda a solventar los gastos de sus propios sembradíos.

¿La paga? De ocho a diez dólares diarios, dependiendo de cuánto corten, pues en el caso de los trabajadores de la caña, se les paga por surco.

Para los campesinos de subsistencia la zafra es una oportunidad para obtener ingresos que en ocasiones les duran varios meses.

"Muchos tienen los sembradíos en sus pueblos y durante la zafra los dejan encargados con sus familiares, pero regresan una o dos veces para preparar la tierra o empezar la siembra, de manera que se dividen entre las dos cosas", dice Antonio Valdez, capataz de uno de los ingenios.

El dinero de la zafra lo utilizan para comprar semillas, fertilizantes y otros insumos para sus labores agrícolas propias. Otros más lo usan para comprar reses o aves de corral que complementen la alimentación de la familia.

La jornada laboral

La vida para los cortadores de caña empieza antes del amanecer. Alrededor de las 5:00 de la madrugada se levantan y desayunan en los campamentos que los ingenios han construido para recibirlos cada año.

Un trabajo físico de varias horas les espera, de manera que sus empleadores se preocupan de que reciban el desayuno antes de salir, y a media mañana bebidas hidratantes y un refrigerio –usualmente un pan de dulce–.

Al filo de las 12:00 de mediodía, el mismo vehículo que reparte los refrigerios llega con el almuerzo. Finalmente, la cena se tomará en el campamento, pues alrededor de las 4:00 de la tarde están de regreso.

Por esas comidas los trabajadores pagan un dólar diario, de manera que hay una especie de subsidio por parte de la empresa azucarera.

Para los campesinos que cada año se congregan en los cañaverales, el sueldo es atractivo sencillamente porque durante el tiempo que permanecen en los campamentos, prácticamente no tienen más gastos que el dólar diario que corresponde a los alimentos.

Así, cada mañana, desde mediados de febrero hasta mediados o finales de marzo, los campos de caña se llenan de hombres de diversas edades y procedencias, vestidos con camisas de manga larga, pañuelos en el cuello y sombreros. Las manos callosas, la piel curtida y los pasos firmes para hacer un trabajo que cada vez atrae a menos personas.

"No vengo más. Cuando termine me voy para Panamá a ver si encuentro un trabajo", asegura José, a quien la zafra le ha motivado a buscar otras formas de vida, alejarse del campo, y quizá volver a la escuela.

Inversiones se hacen indispensables

Los ingenios azucareros del país han vivido en los últimos años la escasez de trabajadores para el período de la zafra. Están compitiendo con otros cultivos que se expanden en suelo panameño y en los que el trabajo es menos sacrificado y la paga muy similar. Además, el auge de la construcción absorbe un volumen considerable de mano de obra.

Quienes hacen el trabajo duro salen beneficiados con mejores remuneraciones y condiciones laborales, pero esto no ha sido suficiente para retenerlos.

La cosecha manual es más eficiente, pero es personal que se contrata de forma temporal, y es difícil determinar cuántos llegarán cada año.

Un ejecutivo del sector informó que la situación se ha enfrentado con inversiones en tecnología que incrementa la eficiencia del corte mecanizado. Aún así, un empresario que para la zafra de 2008 adquirió una nueva cosechadora, asegura que sus cálculos se quedaron cortos, y a pesar de tener una nueva máquina, que sustituye a cerca de 100 hombres, la mano de obra no será suficiente.

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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