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Panamá, viernes 14 de marzo de 2008
 

CINTA COSTERA.

Colamarco y el club

Brooke Alfaro

El maravilloso proyecto de la cinta costera (CC) tiene un gravísimo error: un club privado en su mero centro. Lo que será el parque público más importante y concurrido de la ciudad tendrá, en un lugar privilegiado, un exclusivo club para solo 600 miembros: el Club de Yates y Pesca (CYP). Además, se planea construir un rompeolas para uso único del Hotel Miramar. Y eso, porque así lo ha dispuesto Benjamín Colamarco, ministro de Obras Públicas.

Para algunos, los yates en la marina del CYP serán un lindoespectáculo. Sin embargo, deberían tomar en consideración que, una vez terminados los trabajos, la vista no será muy diferente de la que existe hoy: un área privada, restringida, con muros altos, una garita de seguridad para prohibir el paso y, detrás, hangares, carros y restaurante para uso exclusivo de sus miembros.

En total, el CYP recibirá tres hectáreas de relleno para hangares, a pesar de que el club nació en la década de 1950 con menos de una hectárea. Los rompeolas, hangares y la marina abarcarán un cuarto de todo el frente de mar de la CC, impidiendo a lo largo de 800 metros, que los panameños veamos el mar abierto.

La apreciación estética es tan importante como el espacio físico y, sin lugar a dudas, el gran atractivo de la CC será su paseo marino y la posibilidad de disfrutar de nuestra grandiosa bahía, contemplar la efervescente actividad que allí se produce, ver el amanecer desde cualquier banca, sentir la brisa sin barreras o disfrutar sin obstáculos visuales la gran extensión del paseo y la silueta del histórico Casco Antiguo. Con el CYP en su centro, nada de esto será posible por un muy largo tramo del parque.

El ministro Colamarco está permitiendo que este singular espacio público se fraccione en dos. En vez de sentir la expansión de la bahía, lo que sentiremos será un encajonamiento. Del lado de Punta Paitilla no veremos la silueta del Casco Antiguo debido al gran rompeolas del Hotel Miramar, que será dos veces más largo que el actual (hoy día, si nos paramos cerca del hotel, ya podemos sentir el encierro). Y del otro lado, desde la nueva ubicación del monumento a Balboa, a la izquierda solo tendremos una gran pared de hangares que, por muy bien que los hagan, no dejarán de ser un estorbo.

Otra cosa que estropeará lo que podría ser un tranquilo y despreocupado paseo por el parque, será el incesante entra y sale de carros al club y al rompeolas del hotel. ¿Qué han pensado hacer? ¿Poner policías de día y de noche para evitar que los desprevenidos peatones y ciclistas sean arrollados? ¿Pondrán un semáforo o una barrera que suba y baje como en un cruce de tren?

Cualquiera que sea la fórmula que escojan va a incomodar y, con seguridad, un niño jugando y distraído, o un ciclista caerá víctima de un accidente. Será inevitable.

Es difícil entender las razones por las que el ministro Colamarco se ha empecinado en plantar el club en el centro de la CC, existiendo tantas alternativas en la ciudad. El ministro sabe de estos problemas, porque desde el comienzo de la discusión del proyecto se lo han señalado.

Estoy seguro de que los miembros de CYP, uno de los cuales es el presidente Martín Torrijos y otros altos dirigentes del PRD, aceptarían trasladar el club a un lugar igual de conveniente en la ciudad como Amador, Punta Pacífica, Diablo, Paitilla, etc. Los miembros el CYP, a muchos de los cuales conozco, son personas cultas y con mucho sentido cívico, que sin duda entenderán que es un grave error fraccionar este importante parque, que será la imagen de la ciudad.

La vista ininterrumpida de los tres kilómetros del parque dejaría ver a distancia a dónde uno se dirige, así como sentir la grandeza de la bahía con la ciudad moderna de un lado y del otro la antigua, y apreciar el espectacular paseo a todo su largo; estas son cosas que no debemos permitir que se le quite a la CC.

El ministro Colamarco debe velar por la mayoría de los ciudadanos de esta ciudad y no por la de un pequeño grupo. Las alternativas para reubicar el club existen de sobra, por lo que es preciso que se cumpla con los principios constitucionales que establecen claramente que el interés privado debe ceder ante el interés público o social. La CC es precisamente un caso donde este principio se aplica.

Si el señor Figali ha podido, contra la voluntad de todos los estamentos del Estado, hacer un extenso relleno para su marina en Amador, seguro que el presidente Torrijos y el ministro Colamarco podrán encontrar la manera de concederles al CYP un espacio para su marina. Se lo deben a la ciudad y a todos los que habitamos en ella.

El autor es arquitecto y pintor
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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