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Panamá, martes 11 de marzo de 2008
 

DIVISIÓN DE MENTALIDADES.

Quieran los hados

María del Carmen Cabello
carmencabello1946@yahoo.es

El día amaneció gris y frío después de un invierno tan cálido que hasta florecieron los almendros. Los españoles teníamos el pasado 9 de marzo la tarea de emitir nuestro voto en las elecciones generales. En mi caso, todo un acontecimiento: era la primera vez que acudía a las urnas. No es que haya alcanzado recientemente la mayoría de edad, sino que salí de España cuando aún gobernaba Franco, y nunca participé en las elecciones panameñas –ganas no me faltaron– porque no opté a la nacionalidad. El Sol se fue abriendo paso en el cielo plomizo. Parecía una metáfora de los sucesos recientes: la angustia que nos produjo el viernes 7 el asesinato de Isaías Carrasco, última víctima de ETA, y la esperanza que renacía a medida que trascurrían las horas. En el recuerdo colectivo estaban los 192 muertos de los trenes de cercanías de Madrid del 11 de marzo de 2004, esta vez a manos del integrismo islamista. Tres días antes de las elecciones.

La campaña había sido apasionante, y el interés de los ciudadanos muy marcado. Los debates televisivos entre los líderes de los dos partidos mayoritarios, el PSOE y el PP, fueron seguidos por 13 millones de espectadores. En España se eligen 350 diputados al Congreso y 208 senadores entre todos los partidos que tienen representación, y el que más escaños obtiene es el llamado a formar gobierno, en alianza con grupos minoritarios si es que no consigue la mayoría. Por este motivo, el papel de estos partidos menos numerosos en escaños, como el Partido Nacionalista Vasco (PNV) o Convergencia y Unión (CiU), de Cataluña, son fundamentales a la hora de lograr el apoyo para los proyectos legislativos.

No obstante, en esta vuelta, tanto el PSOE, el ganador con 169 escaños, como el PP, con 153, han obtenido más voces en el parlamento que en los comicios anteriores, escaños que han restado votos a los partidos pequeños, lo que convierte a simple vista el panorama político español en un sistema bipartidista. Pero solo a simple vista, porque Rodríguez Zapatero, sin mayoría absoluta, tendrá por fuerza que echar mano del apoyo de los grupos minoritarios que mantienen aún representación en el Congreso. Una buena noticia en nombre de la diversidad de la sociedad española en su conjunto, incluidos los nacionalismos.

No faltan los que adjudican el resultado al asesinato de Isaías Carrasco, militante socialista. No deja de ser una apreciación facilona y escasa en matices. Buena para vender titulares pero muy injusta. Por tres razones: La primera es que si Zapatero repite es porque los votos aplauden sus aciertos y esperan que corrija sus errores. La segunda es que la sociedad española, a grandes rasgos, arrastra en su seno la división de dos mentalidades opuestas, la conservadora de derechas representada en este momento de la historia por el PP y la progresista de izquierdas representada por el PSOE. Las diferencias radican en un modo distinto de pensar e incluso en un modo distinto de ser, de concebir la política e incluso la cultura. Y no se limitan a los partidos políticos. Está en la calle, en las conversaciones y en los medios de comunicación, cuyos editoriales no son nunca imparciales. El votante socialista vota izquierdas contra viento y marea y lo mismo hace el de derechas a favor de sus preferencias. De ahí el aparente bipartidismo, de ahí que los resultados electorales no sean derrotas estrepitosas ni victorias aladas. Somos casi, casi, mitad y mitad, aunque a la vista de los resultados, los socialistas hoy por hoy son más.

La tercera razón es que el Partido Popular, con Rajoy a la cabeza, ha cavado día a día su tumba. Su oposición ha sido insultante, agresiva, manipuladora y agorera y ha asqueado a la mitad de los españoles. Ha presentado una España destruida, dividida, catastrófica y en camino a la ruina, en la que no nos reconocíamos. No le ha dado resultado. A mí me recordaba a la famosa "jodedera" (así llamada por ellos mismos) que pusieron en práctica los entonces demócratas cristianos en Panamá en contra de Endara después de la invasión de 1989, cuando Arias Calderón era su vicepresidente. Lástima que los aliados a los que habían unido los desmanes de Noriega los separara la democracia, hasta el punto que el PDC fue expulsado del gobierno.

Como dato significativo, la noche del domingo, los simpatizantes del PP, reunidos en la calle Génova, donde está la sede del partido, gritaban a coro "Zapatero dimisión", "Zapatero embustero", justo 15 minutos después de que hubieran declarado su victoria. ¿Es que piensan seguir con la "jodedera" que tan malos réditos les ha traído? Quieran los hados que el PP tome nuevos aires. Los votantes socialistas merecen un adversario menos ruin y de más altura.

La autora es filóloga
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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