Lo que se presagiaba ocurrió. Las clases empezaron en medio de tropiezos en más de 70 escuelas aún hoy en condiciones caóticas. Esta situación era predecible, sencillamente porque los docentes, que entraron una semana antes que los estudiantes, lo habían advertido insistentemente. Sin embargo, el Ministerio de Educación corrió a desmentir lo que ayer ya no se pudo ocultar.
Las autoridades –algunas de ellas sumidas en una intensa campaña político partidista– actuaron de forma irresponsable: desde diciembre pudieron ordenar la reparación de los centros escolares que, luego de tres meses de asueto estudiantil, no pudieron abrir sus puertas y menos aún dar inicio al año lectivo. Meses perdidos por pura negligencia y burocracia, pero lo peor es que la población estudiantil no puede darse el lujo de perder clases por estos descuidos imperdonables.
Pocas explicaciones pueden ofrecer quienes llevan las riendas de la educación, salvo ponerse a trabajar en lo que debieron hacer y no hicieron. Es lo mínimo que la sociedad espera de sus regentes. |