Panamá no debe dejarse envolver en el peligroso discurso del presidente de Ecuador, quien casi guiado por Hugo Chávez ya logró sumar a Daniel Ortega a la cruzada que –bajo el pretexto de defensa de la soberanía– parece estar más dirigida a victimizar a los narcoterroristas de las FARC, que a vindicar una violación al espacio territorial ecuatoriano.
Todo indica que el Gobierno colombiano desconoció normas básicas del derecho internacional al incursionar en territorio de otro Estado para perseguir a guerrilleros, y el presidente Correa tiene razón para estar indignado. Sin embargo, también es evidente que Ecuador no es precisamente el mejor aliado de Colombia en su lucha contra la guerrilla narcoterrorista.
Mientras las pasiones ideológicas dominan el debate de la crisis, el Gobierno panameño tiene un gran reto, pues debe mantener su posición conciliadora, al tiempo que se apega a la defensa de dos principios fundamentales: la soberanía territorial de los Estados es inviolable, por un lado; y ningún país puede servir de santuario a terroristas, por el otro. El momento requiere sagacidad diplomática. |