BUSCADOR
  Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Suscripciones | Portadas PDF | Titulares por e-mail | Contáctenos
Panamá, martes 4 de marzo de 2008
 

EL MALCONTENTO.

¿Será que respeto las buenas costumbres?

Paco Gómez Nadal
paco@prensa.com

Hay una máxima para tratar de vivir tranquilos, con la conciencia en reposo y el alma en vacaciones, que consiste en no hacerle al prójimo lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros. O traducido por mi padre en los años de aprendizaje: "Cuando uno se va a dormir debe estar seguro de no haber jodido a nadie".

Esto es aplicable a cosas tan superficiales como no meterle el dedo en el ojo al vecino en el autobús, y a temas más profundos como no mangonear derechos al que trabaja para nosotros, no abusar psicológica o físicamente de nuestra pareja, o no juzgar al otro con más dureza de la que nos autoaplicaríamos.

Solemos olvidar que el otro es humano, de carne y hueso, con sentimientos y esperanzas, con problemas y perspectivas tan válidas como las nuestras. Por tanto, nos parece a todos que los derechos que exigimos se cumplan en nuestro caso aunque se nieguen a otros; nos indignamos cuando la tormenta se ceba en nuestra cuadra, pero bostezamos ante el televisor cuando vemos cómo llueve en el vecindario de al lado.

Hay múltiples traducciones de esto que planteo: nos parece que lo mínimo es que a nosotros nos paguen bien, pero regateamos hasta el centavo con el jardinero; exigimos libertad de expresión, pero cuando alguien opina contrario a nosotros lo consideramos una agresión; pedimos transparencia y honestidad a los políticos, pero defraudamos al fisco cada año de manera casi profesional; creemos razonable el toque de queda para menores si los operativos policiales se hacen en Curundú, pero no si se realizaran en Extreme Planet …

En fin, que tenemos doble rasero, en casi todo. No es ya la clásica doble moral, sino un caso de esquizofrenia que nos hace vivir poseídos a raticos por el ángel de la bondad y a ratotes por el perverso ángel de la mala intención.

Suelo pensar en esto muy a menudo, porque no dejo de sorprenderme ante tal desdoblamiento. Ahora, la reflexión es casi tsunami cuando leo a Tayra Barsallo orgullosa de su nueva Ley de Migración, planteada como una herramienta del Consejo de Seguridad, en lugar de como un marco jurídico que respete el derecho de movilidad que nos asiste a los seres humanos en este mundo globalizado para importar llantas, pero no para que las personas traspasen fronteras.

Tiene un coro de admiradores esta ley, aunque algunos discrepen de los detalles. El discurso es el mismo que con el tema de la adolescencia y la juventud: es un asunto de seguridad. Y así, en lugar de aprender del fracaso de países como Estados Unidos o Francia en su política migratoria represora, copiamos el sistema al dedillo, pero con los clásicos apaños locales.

Personalmente, ya me parece una locura que un policía de fronteras gringo que a duras penas puede ubicar en un mapa mundi el estado en el que reside sea el que decida sobre la permanencia o no del viajero. Pero el pánico se me multiplica al pensar en los mal pagados y formados funcionarios panameños decidiendo a punta de color de piel y acento del turista cuántos días se puede quedar. ¿Apostamos a cuántos gringos y europeos les darán 90 días de permanencia versus los ecuatorianos o colombianos a los que les van a dar 20 si el agente está de buen humor ese día?

Más terror me ha generado saber que, como extranjero, puedo ser deportado si atento contra un concepto tan vago y discrecional como "las buenas costumbres". ¿Es mala costumbre sacarse mocos de la nariz, ser homosexual, tomar el sol en top less, ser de izquierdas o escribir artículos de opinión contracorriente?

¿Se va a crear un Consejo de las Buenas Costumbres con la asesoría de la Iglesia católica o será la propia Barsallo quien decida si nuestras costumbres son buenas o no?

La lista de locuras que incluye la ley es bastante larga, pero mi punto a es el siguiente: ¿se imaginan que los propios panameños se tuvieran que atener a esta ley? ¿Saben los panameños que los extranjeros demoramos casi dos años y miles de dólares en lograr el carnet de residencia temporal, por la ineficacia de Migración?, ¿les parece justo que haya gente esperando desde hace dos o tres años que el Presidente firme su nacionalización cuando les han exigido que se sepan mejor que cualquier lugar hasta el último río de la geografía nacional?, ¿usted le desearía esto a un familiar o amigo?

Panamá es una encrucijada humana y esa es una de sus riquezas. No es la primera vez que escribo sobre este asunto. No será la última. Y no por un interés personal, llevo 12 años viviendo como extranjero en diversos países y en ninguno es fácil, aunque yo tengo la ventaja de ser blanco y europeo, eso facilita un poco las cosas. Pero creo que el país se equivoca pensando que con esta ley se contendrá la creciente inseguridad. La seguridad se logra con una combinación de justicia social, capacidad coercitiva y una justicia eficiente. ¿Alguien cree que una pobre ley va a compensar estos tres inmensos vacíos?

[Un regalo envenenado de C: "Adivinanza / de la esperanza: / lo mío es tuyo, / lo tuyo es mío; / toda la sangre / formando un río". Nicolás Guillén]

El autor es periodista
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá