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Panamá, lunes 3 de marzo de 2008
 

HAZAÑA TECNOLÓGICA. LA OPERACIÓN DESPIERTA SUSPICACIAS.

EU cierra un ojo en el cielo

En un episodio que combina la intriga y la tecnología, la realidad vuelve a superar a la ficción.

El misil destruyó al satélite con la fuerza de su velocidad, calculada por el Pentágono en 27 mil kph.

AP
EN CAMINO. El misil SM-3 es lanzado desde el crucero USS Lake Erie para interceptar y destruir el satélite L-21.991542
Yasmina Reyes
yreyes@prensa.com

Un mirón indiscreto que acechaba desde el cielo, pero sin saber qué buscaba o hacia dónde mirar, cayó fulminado por una "bala espacial" que lo rompió en cuando menos 3 mil pedazos. En un episodio que combina la intriga de la política y el espionaje internacional (al mejor estilo de James Bond), con la tecnología de la ciencia ficción (al mejor estilo de Star Trek), la realidad vuelve a superar a la ficción.

En una controvertida decisión, Estados Unidos (EU) destruyó el satélite espía L-21, que desde su lanzamiento –en 2006– estaba inutilizado porque una falla técnica lo dejó "sordo" a las instrucciones del Pentágono. A las 03:35 horas GMT del pasado jueves 21 de febrero, un misil táctico SM-3, sin carga explosiva, fue lanzado, desde el USS Lake Erie –anclado en el Pacífico Norte, al oeste de la isla de Hawai– a interceptar y destruir al L-21 (del tamaño de un bus), confirmó en conferencia de prensa el general James Cartwright, subjefe del Estado Mayor Conjunto.

El ingenio utilizado está diseñado para destruir sus objetivos en movimiento con ayuda de la fuerza cinética acumulada por la combinación de grandes velocidades. Es decir, el misil destruyó al satélite con la fuerza de su velocidad, calculada por el Pentágono en unos 27 mil kilómetros por hora. Todo el aspecto técnico estuvo sincronizado, literalmente hasta el segundo. La hora del lanzamiento del SM-3 fue elegida para coincidir con el momento en que el satélite hubiera acumulado el mayor tiempo posible de exposición directa al Sol, para asegurarse de que las altas temperaturas facilitaran los sistemas de guía porcalor.

Según lo describió un analista del diario español ABC, "sería el equivalente tecnológico de destruir una bala con otra bala". Tal nivel de precisión es lo que ha desatado el ángulo de "intriga y política internacional" porque Rusia y China sospechan que la maniobra, más que el interés "humanitario" que le adjudicó el presidente George W. Bush, era un test para perfeccionar el sistema de protección antimisiles estadounidense, o para evitar que la tecnología y la información colectada por el artefacto, de mil millones de dólares, cayeran en manos hostiles.

Según Bush, se vio precisado a autorizar la destrucción del satélite debido a que estaba saliéndose de órbita y su "sordera" no permitía corregirla, por lo que a primeros días de marzo, caería a la Tierra con una carga muy peligrosa: 453 kilos de hidrazina, un combustible altamente tóxico. De un peso total de 2.2 toneladas, EU ha insistido en que el L-21 era demasiado grande para confiar su total destrucción al momento "infernal" de reentrada en la atmósfera terrestre. Y el verdadero peligro estaba en que la hidrazina y los componentes radiactivos del artefacto contaminaran el área de caída.

En cualquier caso, la destrucción del L-21, durante una ventana de tiro de 10 segundos, da un importante respaldo al sistema de defensa antimisiles, lo que quedó en evidencia con el nivel de eficiencia alcanzado y el hecho de que funcionó la modificación del software de sistema Aegis, originalmente pensado para contrarrestar misiles de corto y medio alcance.

Pero Estados Unidos no tiene el monopolio de la destrucción de satélites en el espacio, la demostración estadounidense fue precedida, hace un año, por una operación china que también usó un misil para destruir uno de sus viejos satélites meteorológicos.

En todo caso, el despliegue ha sido percibido por China y Rusia como un montaje para poner a prueba en condiciones de máximo realismo las capacidades en materia de defensa antimisiles.

"China pide a EU que respete seriamente sus obligaciones internacionales y que provea rápidamente las informaciones y los datos necesarios para que se puedan tomar medidas preventivas", dijo el portavoz de la Cancillería, Liu Jianchao, agregando que este episodio "arriesga con crear desequilibrios en el espacio". Rusia también se mostró reticente. El Ministerio de Defensa de Moscú insinuó que podría tratarse de una operación encubierta de prueba de armamentos.

Al final, la "operación de limpieza" fue un éxito, cuando la flecha dio en el blanco. Según Cartwright, por la magnitud de la explosión, en el impacto se destruyó el tanque de combustible, con lo que se disipó la amenaza de la hidrazina que no era poca. Según la fichas internacionales de seguridad química de la ONU, la exposición de la hidrazina puede producir la muerte. La sustancia es corrosiva para los ojos, la piel y el tracto respiratorio. Puede dañar hígado, riñón y sistema nervioso central, y es carcinógena para los humanos.

Ya no habrá que vigilar el cielo para esquivar el artilugio de la discordia. El asunto se solucionó con una enorme explosión que produjo una lluvia de fragmentos (ninguno más grande que un "balón de fútbol", según Cartwright) que terminaron de consumirse en unos fuegos artificiales de nivel estelar cuando pasaban por la atmósfera superior.

Misión cumplida.

El del L-21 no es un caso tan aislado como se cree

Ha habido varios casos en que la basura espacial ha creado momentos tensos en la Tierra. En 1964, un satélite estadounidense con uranio 238 cayó cerca de la costa de Madagascar. Y, en 1970, cuando la fallida misión del Apolo XIII volvió a la Tierra, los astronautas se deshicieron del módulo lunar donde iba un generador atómico alimentado por plutonio. El aparato cayó en la costa de California. Ocasionalmente han logrado pasar la atmósfera los restos de naves mucho más grandes, como el tanque de combustible de un cohete Delta II de 255 kilogramos que cayó en una granja de Texas en 1997.Otro caso fue el del satélite italiano BeppoSAX lanzado en 1996 para vigilar la radiación espacial y que cayó a tierra en octubre de 2003, poniendo en alerta a los gobiernos de Brasil, Colombia, Congo y Madagascar. Otros reingresos de satélites sin control incluyen una nave estadounidense de 3.5 toneladas que cayó a tierra en Egipto, en enero de 2002. Y la estación espacial rusa Mir se desplomó en el Pacífico, en 2001, tras 15 años de servicio.

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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