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Panamá, lunes 3 de marzo de 2008
 

SEGURIDAD. EN 2007 SE INCAUTARON de 56.4 TONELADAS DE DROGAS VALORADAS EN 20 MILLONES DE DÓLARES.

Espacio despejado para el narcotráfico

Unas 36 pistas clandestinas son el sitio perfecto para las aeronaves dedicadas al narcotráfico.

El sistema de radar panameño no detecta los vuelos por debajo de los 500 metros de altura.

LA PRENSA/Carlos Lemos
CONVIVIENDO. La comunidad de San Miguel, en el Archipiélago de las Perlas, está en medio del área de descarga de droga. En esta isla también hay una pista para aeronaves pequeñas. 986544
Rafael E. Berrocal R.
rberrocal@prensa.com

Aterrizar en Panamá en un vuelo ilegal procedente de Colombia es fácil, rápido, y casi siempre, seguro.

Pequeñas aeronaves pueden practicar maniobras para evitar ser alcanzadas por los radares que controlan el espacio aéreo panameño.

Cualquier piloto lo sabe: el sistema de radar panameño no detecta los vuelos por debajo de los 500 metros de altura o fuera del perímetro de la ciudad capital. Las probabilidades de un accidente aéreo son altas, pero en el narcotráfico los negocios son millonarios.

Solo en 2007 las autoridades lograron incautarse de 56.4 toneladas de drogas valoradas en 20 millones de dólares. En tanto que en Chiriquí se desarticuló una red de narcolavado con bienes cuyo valor supera los 20 millones de dólares.

Pero los narcotraficantes no solo utilizan los vuelos ilegales para transportar droga, sino también para repatriar el dinero producto de la venta.

SIN VIGILANCIA

Para más ventajas de los grupos dedicados a negocios ilícitos como el narcotráfico, las 36 pistas abiertas de manera improvisada en la Comarca Kuna Yala, en las provincias de Chiriquí, Bocas del Toro, parte de Colón, y en el Archipiélago de las Perlas, no tienen vigilancia adecuada o esta es nula en muchos de los casos.

La única esperanza que hay de que una avioneta cargada con cocaína pueda ser identificada en pleno vuelo, es que los aviones radares de la Fuerza Aérea de Estados Unidos –que tiene una sede en El Salvador– las detecte, pero esos patrullajes son esporádicos.

Este diario hizo un recorrido por las pistas del Archipiélago de las Perlas y no encontró vigilancia en ellas. Ni siquiera las embarcaciones del Servicio Marítimo Nacional estaban cerca para servir de informantes de vuelos sospechosos. Las autoridades nacionales reconocen que mientras esta situación no quede bajo control, Panamá seguirá incluida en los informes de países de tránsito de la cocaína y marihuana colombiana.

El fiscal primero de Drogas, José Almengor, aceptó que la lucha contra el narcotráfico en Panamá es "muy difícil" teniendo a Colombia a un lado.

Confirmó que la ruta aérea es una de las más vulnerables del país, principalmente en la costa del Pacífico panameño por la cercanía a la ciudad de Buenaventura, Colombia, donde no hay "ningún tipo de control".

Según reportes de la fiscalía, la organización del presunto narcotraficante Pablo Rayo Montaño movió toneladas de drogas entre Buenaventura y Panamá utilizando la ruta marítima y la aérea.

Aparte de que las pistas legales no tienen vigilancia, Almengor señaló que hay un problema con la apertura de pistas clandestinas en lugares estratégicos para este ilícito, como son las zonas costeras de la provincia Chiriquí.

Reveló que incluso se han identificado supuestos inversionistas colombianos que han comprado fincas en territorio panameño con el propósito de poner a operar pistas clandestinas.

Los propios pilotos de Albrook que sobrevuelan el área de Kuna Yala y Colón comentan que cerca de El Porvenir hay una pista llamada Mandinga que, desde hace 10 años, está inoperante. Sin embargo, por el buen estado en que está, es evidente que se le da mantenimiento, y hay rastros de que es objeto de aterrizajes constantes.

Almengor comentó que durante una incautación de 500 kilos de cocaína en Chiriquí, a principios de este año, constató que, además de los llamados desembarcaderos de drogas en las costas de esta provincia, en algunas fincas hay estructuras que pueden estar operando como pistas para aeronaves del narcotráfico.

"Tenemos que estar pendiente de esto permanentemente. Hay un sinnúmero de fincas en el territorio nacional que han sido compradas por extranjeros, a quienes ya se les conoce cuál realmente es su objetivo. Hemos identificado muchas pistas clandestinas y cada vez se observan más", recalcó Almengor.

El Servicio Aéreo Nacional evitó hablar de las medidas de control contra el narcotráfico, tras solicitud de este diario.

PISTAS PRIVADAS

Las pistas privadas abundan en Panamá, pero la logística para vigilar y controlar la actividad que se realiza en ellas no es suficiente. La Autoridad Aeronáutica Civil (AAC) registra que en el país hay 50 pistas privadas para aviones pequeños que tienen sus papeles en regla; 14 de ellas no se ubican en ningún mapa de aviación. Fuentes del sector sostienen que muchas de estas pistas reciben vuelos no autorizados y los mismos propietarios de ellas no tienen cómo impedirlo.

Gregorio Montecer, asesor de la dirección de la AAC, dejó claro que esta institución solo tramita los permisos para la apertura de pistas privadas, y que no tiene ninguna responsabilidad para la vigilancia de ellas.

Los trámites para abrir una pista privada en Panamá son sencillos: derecho de propiedad sobre la finca, planos, consentimiento de vecinos, el pago de una inspección por parte de los técnicos de la AAC, y el aval del Consejo de Seguridad.

El certificado de operación debe ser renovado todos los años. Pero de incumplirse este requisito no se ordena el cierre de la pista, sino que solo se envía una resolución a los pilotos de que el lugar queda cerrado.

Montecer señaló que las pólizas de seguro tampoco cubren los daños de un avión cuando tiene un accidente en pistas declaradas cerradas.

CSI LATINOAMÉRICA

Estados Unidos trata de contener el narcotráfico desde una base en El Salvador donde opera el llamado Centro Multilateral Antidrogas (CMA), un proyecto que había sido propuesto a Panamá, pero cuyas negociaciones no prosperaron. La mayoría de los países latinoamericanos han firmado un acuerdo con Estados Unidos llamado CSI –Panamá es signataria desde 1995–, el cual establece que los países están en capacidad de dar persecución aérea a las aeronaves no autorizadas, y en última instancia derribarlas si estas responden con armas de fuego. Pero es muy poco lo que el sistema estadounidense puede detener, si se compara con la cantidad de droga que logra pasar al mercado estadounidense.

Fusionarán los entes de vigilancia

El Gobierno panameño está consciente de que no tiene control absoluto sobre el paso del narcotráfico por el país ni desde la parte marítima ni por la aérea.

Para afrontar el problema se trabaja en la fusión del Servicio Aéreo Nacional y el Servicio Marítimo Nacional, informó el ministro de Relaciones Exteriores, Samuel Lewis Navarro.

La estrategia fue planteada ante el Comando Sur de Estados Unidos, y el objetivo es en ponerle freno al paso del narcotráfico.

El Ministerio de Gobierno y Justicia confirmó que se encuentra en discusión el detalle del plan que busca establecer una verdadera coordinación entre las instituciones encargadas de cuidar el espacio marítimo y aéreo de Panamá.

Con la fusión de ambas instituciones surgirá el Servicio Aeronaval de Panamá. "Lo que se busca es tener la capacidad de proteger nuestras costas, mar y espacio aéreo", señaló el ministro de Gobierno y Justicia, Daniel Delgado Diamante.

Actualmente, en la parte marítima la vigilancia está dividida en tres regiones que deben cubrir todo el país: Chiriquí, Colón, y Panamá. Cada región tiene cinco patrulleras que, cuando hay inundaciones u otras catástrofes, deben pasar a dar apoyo al Sistema Nacional de Protección Civil.

En la parte aérea el recurso es más escaso, y la tecnología está desfazada ante los equipos modernos que utiliza el narcotráfico.

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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