BUSCADOR
  Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Suscripciones | Portadas PDF | Titulares por e-mail | Contáctenos
Panamá, lunes 3 de marzo de 2008
 

EL IDIOMA ESPAÑOL.

Los bigotes de mi gato

Berna Calvit bd
calvit@cwpanama.net

Cumplido el grato y honroso compromiso de presentar en la Biblioteca Ernesto J. Castillero el libro La última palabra, Gramática aplicada, del doctor Rafael Candanedo, cuya audacia lo llevó a poner la presentación de su obra en manos de esta simple aficionada a juguetear con la palabra escrita, decidí ponerme al corriente con las noticias del país. Durante varios días estuve alejada del sufrimiento que me ocasionan los noticieros, que me gusten, o no, me ayudan a armar el rompecabezas nacional. Lo más relevante de los últimos días, pasada la novedad del parto de la señora Sandra Sandoval, parecía ser el asesinato del reguesero Blackwood (Danger Man) que se investiga por su posible conexión con asuntos turbios. Lo que vi, del sepelio del reguesero, la multitud de dolientes y las actividades previas al funeral (homenajes, grafitis, reportajes) debería mover a los especialistas en el estudio de la psiquis, a los padres de familia, los educadores, ¡a los gobernantes!, a ocuparse (y preocuparse) sobre el rumbo que lleva nuestra sociedad. Tanta atención a Danger Man me recordó a ilustres y valiosos ciudadanos panameños que se fueron de este mundo casi inadvertidos, sin recibir los reconocimientos que merecían. Cuestión de valores (anti–valores) y de cultura (incultura). Y del poder y los intereses de los medios de comunicación para destacar, opacar, o simplemente ignorar personas y hechos. El rating manda.

Indecisa sobre qué escribir, una reportera logró que mis neuronas se pusieran de pie al advertir, ¡prodigio!, que con solo decir: "En lo que fue la iglesia adventista donde se velaron los restos de Danger Man…", había logrado hacer desaparecer la iglesia. Con el fastidioso uso de "lo que", loqueísmo, que nada tiene que ver con locura, al comentar en tiempo pasado las noticias desaparecen iglesias, avenidas, casi todo ¡Cualquier día nos dejan sin el Canal de Panamá! Así que resolví escribir sobre la presentación del libro La última palabra, cuya materia prima sale de las originales y amenas columnas dominicales de Candanedo en defensa de la integridad de la lengua española, en el suplemento "Mosaico" de La Prensa. Lengua en la que palabras como faracho, truñuño, marinovio y ñampeado, entre otras, sazonan nuestra forma de hablar y enriquecen el habla popular aunque no estén registradas en el diccionario de la Real Academia Española. Sobre el "enantes", conté que un día mi nieta "washingtoniana" Gabriela Isabel, hija de madre panameña y padre boliviano me dijo: "Enantes se le cayeron los bigotes a mi gato". Allí, en el "enantes" estaba el sello de una palabra que, aunque demonizada por algunos, es como marca de fábrica del hablar panameño. Palabra que recibe el agua bendita que le rocía Candanedo, pero que niega a otras, moscas en el tazón de leche del idioma.

Dije que con visión 20–20 y oído que capta el más leve tropezón verbal, Candanedo está siempre red en mano atrapando verbos mal conjugados, faltas de concordancia, palabras que no corresponden con el sentido que se les da, como es el caso de un robusto diputado que parece no tener claro que ingerir no es lo mismo que injerir (en la confección de leyes), tarea que no cumple pero cobra; no se salvan del pescador los anglicismos innecesarios, el "dequeísmo" o "el supuesto muerto". Esa noche conté la siguiente anécdota para ilustrar las dudas que casi a todos nos acosan en algún momento. Una noche, mientras escribía le metí un frenazo al teclado. Llamé por teléfono a mi entrañable amigo, casi hermano, el notable escritor Pedro Rivera y le dije: "Oye, Pedrito, ¿cuándo se usa ‘donde’ y cuándo ‘a donde’?". "¡No me jo… robes!", contestó Pedro. "Yo escribo de oído". El secreto para poder escribir como Pedro es haber aprendido las reglas gramaticales (como seguramente lo hizo); aunque se encuentren adormecidas en alguna circunvalación cerebral, allí están. El otro secreto es leer, leer y leer".

Cité al poeta y excepcional escritor, Demetrio Fábrega, en cuya erudita obra La degradación del español y el ocaso del hombre racional apunta severo hacia "la proliferación de personas de educación mediocre o pobre en los medios de comunicación, en la radio, la televisión y la prensa escrita, como consecuencia de una competencia desenfrenada que atribuye más valor a lo que llega al mayor número y, por lo tanto, a lo que forzosamente emana de una voluntad de expresarse conforme al más bajo denominador común en la sociedad servida". La involución del idioma en Panamá es más obvia en los jóvenes; sufren de grave cojera gramatical y ortográfica; crecen tacaños en palabras y, limitados por falta de lectura, la capacidad para comunicarse afecta negativamente el proceso de aprendizaje. Cuando algún gobierno logre entender la importancia del idioma (que es patrimonio nacional), como instrumento de enseñanza, de aprendizaje y de comunicación inteligente, será cuando empezaremos a superar el atraso cultural que nos aqueja.

Terminé la presentación regalándole a Rafael Candanedo todas las palabras del diccionario, y también las inventadas, para que continúe buscándole la quinta pata, no al gato, sino a las palabras. Para que las engarce en poemas, las desguace para la crítica positiva, o las convierta en "cuerazos" para los que no aman las palabras como las ama Rafael, como deberíamos amarlas todos. Como las amó Neruda porque "Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal rocío". Porque "Todo está en la palabra".

La autora es comunicadora social
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá