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Panamá, domingo 2 de marzo de 2008
 

SISTEMA PARTICIPATIVO.

Más allá de la democracia

Johnny Sáurez Sandí

Tenemos tantas interpretaciones de democracia, como países en el mundo dicen practicarla. Pero más allá del simple término, que dice que esta forma de organización social es "el gobierno del pueblo", el modelo bajo el cual muchas naciones hemos vivido, debe transformarse, o más bien evolucionar de una forma de gobernar hacia un estilo humano de vida, que sea participativo e inclusivo, que cree oportunidades de crecimiento espiritual y material en libertad, para todos.

La libertad, la cual no significa ni puede interpretarse como libertinaje, se deriva de la democracia y es el ingrediente primordial para generar creatividad abundante, de manera espontánea y es aquí donde el Estado, necesariamente, debe de fungir como árbitro y como tal, su papel consiste en llevar el timón de la nave y ser justo en la creación y la aplicación de la ley, lo que significa que en algunos campos y casos, debe de ejercer su autoridad o definir las reglas del juego, reglas que ciertamente emanan de las mayorías, que al fin y al cabo determinan el carácter y modelo mismo del Estado.

Para lograr construir una democracia verdaderamente avanzada, se requiere que la sociedad logre altos niveles de educación y destrezas, que sin duda alguna van a generar una mayor productividad, elevados niveles de producción y riqueza, para distribuir de manera más equitativa y como complemento de todo esto, habrá mayores niveles de seguridad ciudadana.

La democracia se logra, como se expuso antes, si se avanza hasta cerrar el círculo conformado por los siguientes pilares: libertad, educación, salud, creatividad, organización, productividad, producción, riqueza, equidad, justa distribución y seguridad. Al cerrar este circulo, el mismo se retroalimenta, y por sí solo va generando todos y cada uno de sus componentes, y de esta manera el cuerpo social se va regenerando cual eternum mobile.

Una vez logrados los estados u objetivos antes enumerados derivados del ejercicio pleno de los beneficios que depara una democracia verdaderamente madura, comprendida y deseada por las mayoría, será más fácil lograr estadios superiores y avanzados de entendimiento y de armonía que se irán multiplicando al ir cerrando brechas incómodas que generan la confrontación entre los ciudadanos y entre los diversos grupos de presión de las sociedades Pero, para alcanzar la meta propuesta, es necesario que cada uno de los miembros de la sociedad esté dispuesto a sacrificar algo, que esté dispuesto aceptar que la riqueza cumple un papel social y no un simple deseo egoísta manifiesto en un carrera individual e infinita hacia la acumulación de bienes materiales.

¡Más allá de la democracia que conocemos, está la democracia participativa, la democracia de todos!

El autor es ministro Consejero de la Embajada de Costa Rica
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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