IDEALES.
Esperanza en la juventud
Marco Julio de Obaldía
Estados Unidos de América es un país grande, tanto en sus vicios como en sus virtudes. Me regocija enormemente ser testigo de la revolución pacífica que la juventud de ese país lleva a cabo.
Los movimientos juveniles siempre tienen un ideal noble, genuino y son espontáneos. A veces se equivocan, cierto es y, lamentablemente, –como ocurre con la pubertad biológica– esa misma ingenuidad a veces es trastocada y dirigida hacia fines malignos alejados de los ideales juveniles.
Todos los países han vivido esa primavera radiante, a veces heroica, incubada y cristalizada por la juventud. Pasado el efecto explosivo inicial de estos movimientos, se perfeccionan, prostituyen o son capitalizados por los adultos. Algunos han sido malignamente inducidos por adultos utilizando los medios de comunicación. En mi opinión, el pueblo –heterogéneo– de EU es noble, venido de los cuatro puntos cardinales del planeta en busca de libertad y trabajo para formar un hogar. Ese pueblo noble, repito, se siente avergonzado de haber contribuido a quitar la libertad y el hogar a otro grupo humano para forzarlo a ingresar a su país como esclavo. Ese país ha llevado el pesar de esa culpa no expiada durante más de dos siglos.
Hoy los jóvenes, sin rebelarse ni ofender a sus padres, a quienes aman, haciendo uso de su libre albedrío se han lanzado en una cruzada distinta y ajena a su tradicional actitud apática para, en distintas corrientes, expresar su opinión política. Hoy, los descendientes de los fundadores hacen un acto de contricción que asombra y regocija al resto del mundo.
En el pueblo de Dolega, hace muchos años, un pariente expresó: "Cuando instalaron la luz eléctrica, se acabaron las brujas". Espero y confío en que esta luz que emana de la juventud estadounidense, logre hacer lo mismo en cuanto a prejuicios de toda índole, ya que ninguno tiene razón de existir.
Hoy día esta aurora boreal juvenil, contrasta con el prejuicio que se quiere implantar al velo y atuendos islámicos; es igualmente triste que en su lucha contra el terrorismo, utilicen procedimientos que utilizaba la inquisición hace 500 años. Si un país –cualquier país– lucha contra los terroristas, no debe bajarse a su nivel, pues si lo hace ¿qué diferencia hay entre los dos?
Con respecto al supuesto "machismo" y prejuicio contra la mujer, en mi opinión es claro que no es más que un hábil truco político publicitario. Creo, y lo he creído durante toda mi vida adulta, que como género la mujer es superior al hombre, salvo en deportes y asuntos que requieren fortaleza física. Que el hombre las haya esclavizado durante milenios es un hecho incontrovertible, pero esto está desapareciendo rápidamente y esperamos llegar a un justo equilibrio que el humano está logrando rápidamente por el método de tanteo y error y, sobre todo, por amor. Amor a su descendencia, que es el más noble y universal de todos los sentimientos; sentimos amor no solamente hacia nuestros semejantes sino hacia nuestra patria, nuestros ríos, nuestros seres desaparecidos e incluso hacia nuestra profesión u oficio, pero nada supera nuestro amor hacia nuestra descendencia.
De lograrse esto, como espero, nuestros descendientes, dentro de varias generaciones, quizá podrán vivir en un mundo en el cual haya más justicia, el ser humano tenga más ocasiones de regocijo y la búsqueda de la felicidad deje de ser una utopía.
El autor es ingeniero y profesor jubilado
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