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Los llamados clavicordio y clavecín y otros nombres, pueden considerarse, con toda razón los antecesores del piano, esa bella herramienta musical, que se apoderó hace tiempo de nuestra atención y que se convertirá en el tema de nuestras Raíces de hoy. Parece que fue en el siglo XVIII, y más precisamente en 1702, cuando se llevaron a cabo los cambios que transformaron a los instrumentos arriba mencionados en más o menos lo que son los pianos en la actualidad. Marcus, francés, Goteberg y Schrotec, alemanes, y Cristofori, en Italia, fueron los apellidos de los artífices de esas modificaciones. Chopin, Mozart y Haydn estuvieron entre los primeros compositores que utilizaron a los recién aparecidos pianos para plasmar los motivos de su inspiración. Hoy las empresas Yamaha y Steinway, entre otras, se encargan de su fabricación. La familia Steinway era de origen alemán, pero emigró a Estados Unidos. William, el presidente de la compañía, dejó anotado en su valioso diario datos de gran interés acerca de su trabajo. Las familias de los Bach, además de Clementi, Durrek, Craner, Beethoven, Van Weber, Czerny, Tomaschek, Hummel, Morilich, Lizt, Thalberg, Marie Pleyel, Mendelssohn, Von Bulow, los hermanos Rubinstein, Saint-Saens, Paderewski, y también damas como la Goldaud, Rive Krug, Clara Schumann también brillaron en sus actividades pianísticas en el pasado o como sus antecesores. Albeniz, Arrau, Barenboim, Teresa Carreño, Granados, Iturbi, Lupatti, Ravel, Debussy, también como pianistas de antes acuden a nuestra memoria, pero nos van a quedar faltando muchos más a causa del tirano espacio. ¿Y de Panamá, qué podemos decir de compositores y ejecutores que hayan tenido que ver con ese instrumento? Pues vamos a ver. Tal como nos lo relata Jaime Ingram en su muy completa obra sobre la historia de la música en Panamá, Orientación Musical, y de la cual hemos obtenido muchísimos datos, el primer recital de piano local se efectúo el 1 de octubre de 1865 y, según el artista norteamericano que lo ejecutó, por motivos que con razón o sin ella, él anotó, fue un verdadero desastre. Adriana Orillac Jované, quien vivió entre 1887 y 1948, se considera como la primera pianista panameña y con estudios en Francia. Recordemos que estamos refiriéndonos tan solo a ejecutantes de música de la considerada como clásica. Ofreció varios conciertos en el Teatro Nacional y brindó clases acerca del mismo instrumento. Alberto Galimany fue otro profesor de piano y acertado compositor, era español pero nos dejó obras con motivos panameños, que ya desde casi un siglo han sido muy populares. Capricho Típico Panameño, La bandera panameña, entre muchas otras. Antes de que se nos olvide, parece que fue Carmen Pérez de Jiménez la primera que utilizó un piano en Panamá. Luis Chiari fue otro precursor. De España nos llegaron también, y aquí se establecieron, los pianistas Merel Murt (nos dio clases cuando éramos pequeños) y Ricardo Zozaya. Beatriz Lyons, Emma Rodríguez de Jacobson y Ana Ruiz de la Guardia fueron otras tres damas panameñas con estudios de piano en Europa. Carmen de Obarrio fue otra pianista panameña, pero vivió siempre en México, donde murió. Luis Azcárraga, Ethel Carbone, Luis A. Delgadillo, Manuel Fuster, Hans Hanowitz, Eric Landerer, Ema Rodríguez, Ana Ruiz, Alberto Scranetti, son parte de la larga lista de profesores de esa actividad. René Brenes fue otro maestro nuestro que sobresalió además como musicólogo, o sea no solo en piano. Otros pianistas dignos de considerar son Claudio Vásquez y Carmen Linares. Siguiendo con esta, quizás incompleta lista de pianistas nuestros, recordemos a Maritza Tagarópulos de Kitras, colonense. Américo Rengifo, Carlos Dutary. Perdón por la ausencia involuntaria de otros artistas, pero el espacio que se nos concede, desafortunadamente, termina aquí. Como ustedes han podido notar en la desorganizada descripción de hoy, no aparecen los nombres de Jaime Ingram y de su esposa, Nelly Hitsch. Tiene su explicación. Ellos por todo lo que representan en nuestro campo pianístico van a ser los actores exclusivos de una próxima página de esta sección. Así como escogimos a Alfredo Saint Malo en el violín, los Ingram lo serán en el piano, y a otros maestros también se les incluirá con posterioridad, en las actividades en las cuales sobresalieron. La persona no identificada en las Raíces del 10 de febrero pasado, junto a don Roberto F. Chiari, era la licenciada Carmen de Herrera, q.e.p.d., catedrática y directora de la biblioteca de la Universidad de Panamá, por varias décadas. Textos: Harry Castro Stanziola
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