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Panamá, viernes 29 de febrero de 2008
 

IMPLANTE COCLEAR.TECNOLOGÍA Y oportunidades.

Sonidos de vida

A través de la terapia auditiva, Solimar y Yolanda deben aprender a escuchar los sonidos nuevamente.

LA PRENSA/Jorge Fernández
Tratamiento. Todos los días deben asistir a las terapias de lenguaje en la Caja de Seguro Social. 990838
Diana N. González
digonzalez@prensa.com

Para Pauline Rodríguez, de cuatro años, el pasado 22 de febrero será un día inolvidable. En esta fecha se cumplió un mes desde que fue sometida quirúrgicamente para colocarle un implante coclear.

Cristina Meléndez, su madre, se mordía la lengua del nerviosismo. Pensaba en cuál sería la reacción de su hija, un mes después, al encenderle el implante coclear un dispositivo electrónico ubicado detrás del pabellón auricular, que le ayudaría a que las señales sonoras empezaran a llegarle al cerebro.

La fonoaudióloga Thelma Aizpurúa afirma que la pequeña muestra algunas reacciones producidas por el sonido que ahora percibe a través del dispositivo. "La vemos que emite sonidos iguales como un recién nacido, y eso es un avance, porque ella no hablaba, solo decía mamá, papá y agua", dice la fonoaudióloga.

Aunque no puede precisar cuándo la niña podrá hablar, está convencida de que con la terapia de lenguaje en los próximos seis meses se lograrán avances significativos.

Pauline nació prematura y quedó hospitalizada varios meses. Sufrió varias infecciones, por lo que le administraron antibióticos y estos afectaron su audición por completo.

Aizpurúa reitera que no hay que olvidar que Pauline fue escogida para el implante coclear debido a sus buenos antecedentes fonoaudiólogos.

"Esto nos da una plataforma para asegurar que su mejoría será próspera, porque se trata de una pequeña que no es ajena a la terapia de lenguaje ni a los audífonos".

Ella no fue la única benefeciada con este tipo de operación. Solimar Amaya, de 24 años; y Yolanda Solanilla, de 62 años, ambas comparten también su experiencia.

Solimar perdió la audición totalmente a los nueve años cuando padeció de paperas y faringitis. Sin embargo, describe que cuando nació, su mamá tuvo un parto difícil. "Soy de siete meses y me afectó el oído derecho. Gracias a las terapias de lenguaje aprendí a hablar, pero muy lento".

Estas adversidades han hecho que cobre cada día nuevas energías para ver la vida con optimismo. Siente que a través del implante coclear le llegan más sonidos a su cerebro, y eso la llena de una tremenda alegría, porque está segura de que en un tiempo corto podrá hablar con más fluidez y conseguir un empleo.

Para Yolanda, una profesora quien a sus 36 años perdió la audición, esta operación significa una esperanza para poder comunicarse mejor con su familia y poder viajar a muchos países. "Luego de la operación, habla más que antes", asegura su hermana, Sonia Solanilla.

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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