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Panamá, viernes 29 de febrero de 2008
 

PASE DE FACTURA.

La Presidencia, ausencia de aptitudes

991010Clarence C. King

La carrera hacia la Presidencia de la República acaba de arrancar y ya el pueblo panameño se siente mareado y abrumado por su efervescencia tempranera y los pocos indicios de cambios reales en la politiquería insulsa a que nos tienen acostumbrados los políticos, pues, en las últimas décadas han desfilado por nuestra Presidencia un sinnúmero de pésimos presidentes, causantes de calamidades, cuál de ellos más perjudicial es debatible.

Tenemos ahora la tarea de elegir a un buen estadista para la Presidencia y a políticos aptos para representarnos, cuya preocupación primordial sea la solución de los graves problemas socio–políticos y económicos que confrontamos y no las obligaciones personales hechas a colegas y partidos.

Siempre se ha dicho que los candidatos presidenciales son duchos haciendo promesas y deleitándonos con su retórica, pero que al ser electos hacen lo que les da la gana, sin tomar en cuenta al electorado. Con gran elocuencia nos mienten sobre lo que piensan hacer si acceden a la Presidencia, pero han fracasado miserablemente todos ellos en hallarle solución a los gravísimos problemas que les hemos encomendado.

Tanto en el ámbito internacional como local, entiendo que la realidad geopolítica y cotidiana es lo que determina las políticas a seguir de un buen mandatario. En la mayoría de los casos, el presidente tiene muy pocas opciones a seguir. Muchas políticas establecidas se han institucionalizado a través de los años, y tratar de sustituirlas tiene un precio que los presidentes no podrán absorber. El presidente y sus ministros en realidad no determinan las políticas públicas, más bien se alinean a la realidad existente. Responden a un mundo que establece y define su agenda externa e interna.

Algunas de las decisiones más importantes tomadas por los presidentes en el pasado, nunca fueron anticipados por ellos ni por los electores cuando fueron electos. El ex presidente Pérez Balladares no sabía que sería juzgado por las privatizaciones que hizo, el caso Cemis, ni por su manejo del tema de las bases militares. Mireya Moscoso nunca anticipó el drama del dietilene glycol, ni del durodólar. De igual forma, George Bush no sabía que sería juzgado por el 9/11 y los acontecimientos subsiguientes.

Anticipo que el presidente Martín Torrijos será juzgado, al término de su período, por su fracasada política de seguridad ciudadana, su desatino en el tema del transporte, el TLC fallido, su manejo del hurto de los fondos del Fece, el manejo del problema del autobús calcinado, el negativo ritmo de crecimiento sin control de la canasta básica, la delincuencia, etc.

De lo anterior se desprende que el presidente de nuestra república, al término de su mandato, no será juzgado por sus promesas electoreras incumplidas. Será juzgado por su falta de talento y capacidad. Su falta de aptitudes para reconocer qué hay que hacer y tomar las decisiones acertadas a los problemas que se han presentado, que favorezca el interés nacional y el bien común.

Los próximos presidentes serán juzgados por su agudeza, perspicacia y forma graciosa en que se someten a las reglas de juego dictadas por la sociedad y la realidad geopolítica.

El proceso electivo en Panamá, es una empresa política de la peor clase, porque desafortunadamente concibe y procrea políticos en vez de estadistas capaces y visionarios que tengan la inteligencia suficiente para saber que su éxito en el manejo de la cosa pública dependerá de obtener las mentes más entrenadas y preparadas para enfrentar los grandes retos, tanto internos como externos, que sin duda se presentarán.

Es tiempo de que el pueblo panameño mire a través de los discursos, las regalías, relaciones de consanguinidad e intereses personales y comience a exigir capacidad y aptitudes críticas a quienes elegimos para representarnos en el futuro.

El autor es planificador jubilado


© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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