La recién aprobada legislación sobre migración actualiza un cuerpo de leyes que data de hace más de 40 años; situación imperdonable para un país de tránsito, y ante un fenómeno tan cambiante como la migración.
La reforma –indiscutiblemente– era necesaria; sin embargo, su texto merece especial atención. Primero, desde hace años se requería reformar el régimen migratorio panameño, pero todos los intentos fallaron. Segundo, desde que el Ejecutivo pidió legislar sobre el tema y privarlo del debate legislativo, levantó dudas.
Tercero, las reglas migratorias de un Estado son parte de su estrategia nacional de seguridad. Cuarto, algunos sectores se quejaron de la forma inconsulta en que se aprobó, sobre todo en materia de refugiados. Ante esto, y para que la ley tenga sentido, se requerirá de una oportuna y sistemática reglamentación. Finalmente, como ya está harto comprobado, una ley puede ser buena o mala, pero sin una cultura de la legalidad ni la voluntad política para hacerla cumplir, se convierte en adorno de anaquel. |