LITERATURA.
‘La última palabra’
Algunos aspectos del libro reflejan las posiciones lingüísticas, así como normas gramaticales establecidas.
| LA PRENSA/Gabriel Rodríguez. |
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| Rafael Candanedo 990225 |
Mireya Monroy
mmonroy@prensa.com
Con un lleno completo y la interpretación de boleros por la cantante panameña Yomira John, el escritor y columnista Rafael Candanedo realizó el martes pasado la presentación de su libro La última palabra, en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero.
La última palabra "es una colección de breves artículos, organizados en orden alfabético, sobre el uso del español contemporáneo", expresa el autor. Indica que en su texto "se registran casos que generan dudas o son objeto de errores frecuentes tanto léxicos, sintácticos, gramaticales, fonéticos como morfológicos".
El prólogo de la obra es de la poetisa Elsie Alvarado de Ricord, quien fuera directora de la Academia Panameña de la Lengua y profesora del autor. Fue escrito pocas semanas antes de fallecer, en 2005, indica Candanedo.
"Los modismos y los panameñismos enriquecen la lengua. La destruyen la falta de lecturas, la falta de atención y el error generalizado de expresarse primero y después pensar qué se dijo", añadió.
El autor expresa que La última palabra es como la última noticia, aquella que está de moda.
"Con la trascendencia que tienen en nuestras vidas la tecnología y los descubrimientos actuales, se incorporan muchas palabras y frases que en un principio generan dudas sobre su uso. Por esa razón, deben ser estudiadas y evaluadas para verificar su sintonía lingüística".
El libro está escrito con mucho sentido del humor, dice Candanedo, y se evalúan asuntos y palabras, desde verbos complicados (como haber), el dequeísmo, usos apropiados e inapropiados, "hasta panameñismos de pura cepa, como faracho, que ha sido glorificado con su inclusión en el Diccionario de la Real Academia Español".
En el uso cotidiano de la palabra (oral y escrita), indica Candanedo, "existe mucha creatividad, pero no se suele ser cuidadoso. No se trata de buscar palabras domingueras para expresarse, sino de no atropellar las normas que rigen el genio de nuestra lengua. La lengua es para comunicar, no para incomunicar", concluye el periodista y filólogo.
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