BUSCADOR
  Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Suscripciones | Portadas PDF | Titulares por e-mail | Contáctenos
Panamá, lunes 25 de febrero de 2008
 

POLÍTICA REGIONAL.

Qué hacer con Chávez ... y con las FARC

Guillermo Tatis Grimaldo

El asunto no luce fácil, pero al menos es mejor intentarlo. Tratar de buscar una fórmula que ayude a que los presidentes de Colombia y Venezuela se reúnan y normalicen sus relaciones resulta a todas luces difícil, pero no deja de ser una buena esperanza.

Los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Da Silva, y de Francia, Nicolas Sarkozy, lo han explorado –entre otros temas binacionales– durante la pasada cumbre en Saint Georges, Guyana Francesa. Ya antes, a mediados de enero último, el presidente Castro le había planteado a Da Silva la necesidad de unir esfuerzos que llevaran a recomponer las relaciones entre estos dos países cuando éste lo visitó en La Habana.

Es claro que los mueven buenos propósitos, diplomáticos como políticos, por cuanto hay en medio de todo esto grandes problemas e inmensos peligros. Da Silva sabe que ningún país latinoamericano está exento de las pretensiones del presidente Chávez o del efecto dominó de su política que hoy plantea en varios países del continente.

Ahora bien, no solo están en la mesa estas consideraciones. Tanto el presidente Chávez necesita una tabla de salvación que lo ayude a bajar las tensiones internas en su país, como el presidente Sarkozy precisa sortear sus dificultades domésticas que lo han llevado a marcar bajos índices de popularidad.

Pero no es menos cierto que los hechos preocupan. El proyecto expansionista de Chávez en toda América inquieta y no resulta ilusorio que éste se aventure en una invasión a Colombia, directamente o a través de Nicaragua, en San Andrés, isla en donde los dos países mantienen un contencioso marítimo, o bien a Guyana, con quien mantiene una vieja disputa lindante. De hecho, ya Venezuela incursionó militarmente hace poco en territorio ajeno. También preocupa el apoyo logístico al narcotráfico y patrocinio a la banda terrorista colombiana, la ayuda con soterradas intenciones (incluso de abrigo económico y auxilio petrolero) que viene dando a nivel regional a Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y a los grupos izquierdistas en El Salvador y Perú, donde pretende acentuar su influencia. Además, el problema de la guerrilla en Colombia, el acuerdo humanitario y la liberación de todos los rehenes, no solo de Ingrid Betancourt.

El presidente Sarkozy piensa que las gestiones para normalizar las relaciones bilaterales entre Colombia y Venezuela ayudarían a revertir estos delicados riesgos y que el presidente Chávez – quien en cierta forma ha sufrido un aislamiento internacional por sus incidentes con España, Colombia, Estados Unidos, la Unión Europea y con la Exxon recientemente– recobre su dignidad política internacional y por ende un cambio de su actitud política y diplomática.

El mismo presidente Sarkozy parece haber cambiado de actitud, luego de la multitudinaria marcha del pasado 4 de febrero en la que millones de personas en más de 130 ciudades del mundo le dijeron contundentemente "no al secuestro", "no a las FARC", y expresaron un respaldo coherente al Gobierno colombiano. Ha comprendido también el presidente francés que la exigencia debe direccionarse hacia el grupo guerrillero y no al Gobierno colombiano. Que el presidente Uribe no puede sacrificar las instituciones políticas del Estado y cederlas a los terroristas a cambio de una rehén, como lo exigió su ex director de política exterior para Latinoamérica y ahora embajador en México, Daniel Parfeit, y Yolanda Pulecio (madre de Betancourt), arquitectos de la gran presión contra el gobierno del presidente Uribe. ¿Pero habrán cambiado las FARC? El concepto de la lucha armada no es una opción para estos tiempos, ya no tenemos un mundo bipolar sino cada vez más globalizado en torno a un mismo objetivo. El mismísimo Fidel Castro les ha dicho que no puede haber una revolución meritoria que se sostenga con el secuestro, que así no representan un proyecto político para nadie.

Es innegable que "Castro se la jugó por la paz con la FARC", como dice un ex comisionado colombiano de paz. El presidente Castro, que en otra época apoyó las guerrillas en el mundo entero, ha sido protagonista silencioso en la búsqueda de la paz y por muchos medios ha tratado de convencer a estos grupos de una salida política al conflicto, de impulsar una negociación. Lo ha hecho con respeto absoluto a la soberanía colombiana, con discreción, sin aspavientos y menos con insultos a ninguno de los actores.

El presidente Castro solía decir que aunque no compartieran muchas ideas con él, sí había una por la cual ellos miraban juntos el futuro: la paz de Colombia.

La suerte está echada, hay una esperanza. El liderazgo y la perseverancia del presidente Castro son tan fuertes que incluso ahora al final de su vida política tras el anuncio de renuncia a todos los cargos en Cuba, puede conseguirlo si logra convencer a las FARC de que la única opción posible es abandonar las armas para una solución negociada al conflicto.

El autor es diplomático
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá