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Panamá, domingo 24 de febrero de 2008
 

POSICIÓN DE LOS CANDIDATOS.

En EU, política interna y externa

988732Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. –Aunque Panamá se está fijando mucho en la campaña presidencial de Estados Unidos, los candidatos no se están fijando en Panamá, ni en el resto del mundo tampoco. Hasta ahora, las relaciones exteriores han figurado poco en esta campaña presidencial.

Pero cuando estuve en Panamá la semana pasada, en todas partes me preguntaron cómo veo el avance de la campaña. A pesar de que los demócratas en Panamá votaron a favor de Barack Obama en la primaria del martes pasado, me pareció palpar que entre panameños hay bastante respaldo a Hillary Clinton, a quien yo personalmente no le perdono su voto a favor de la guerra en Irak. Muchas personas me dijeron que Hillary sería mejor Presidenta porque tiene más experiencia, pero yo no entiendo de qué sirve esa experiencia si no la motivó a hacer lo correcto sobre Irak. Allí concuerdo con Obama, quien señala que lo que se necesita como Presidente no es experiencia sino criterio. Mientras tanto, me inclino a pensar que el apoyo panameño a Hillary está basado en aquello de que más vale diablo conocido que el que está por conocer. Si es así, les recordaría que Hillary dijo en 2006 que "tenemos a los chinos manejando el Canal de Panamá". Más recientemente, Hillary ha dicho que no votará por el TLC panameño mientras que Pedro Miguel González sea presidente de la Asamblea, pero no se ha declarado opuesta al acuerdo en sí.

Curiosamente, el tema González es una de las cosas que me preocupa de Obama, quien tiene como asesor a Greg Craig, el abogado defensor de González en Estados Unidos, y tiene también como aliado al mismo panameño en Chicago que fue protector de Martín Torrijos. El PRD tradicionalmente ha tenido buenas relaciones con los demócratas, pero demasiada cercanía me parece preocupante. Por lo demás, Obama me gusta mucho. Tuvo la posición correcta sobre Irak y es refrescante como figura política.

John McCain, en contraste, me parece un fantasma viejo y agotado. Admiro enormemente su valentía cuando fue prisionero de guerra en Vietnam, pero eso por sí solo no puede justificar que se le entregue el futuro de su país. Si la posición de Hillary sobre Irak me es imperdonable, la de McCain me es repugnante. Sí me hizo gracia, sin embargo, que varias personas en Panamá me dijeron, como si fuera noticia para mí, que si McCain sale electo, será el primer Presidente panameño en la Casa Blanca. Ya nadie se acuerda que yo fui la primera en informar que McCain nació en Coco Solo (ver columna del 12 de septiembre de 1999, titulada "¿Un Presidente panameño?").

Aparte de Irak –que los norteamericanos ven más bien como un tema doméstico, no internacional– Obama, Clinton y McCain han hablado poco de relaciones internacionales, pero la renuncia de Fidel Castro despertó cierto interés esta semana. En Washington hay un gran consenso entre analistas de que la política estadounidense de aislamiento ha fracasado y que la retirada de Fidel es la oportunidad para cambiar esa política. Yo respondería que el gobierno de Bill Clinton hizo varios intentos de suavizar su política hacia Cuba si, a cambio, Fidel hacía alguna concesión pro derechos humanos, pero éste rechazó toda oferta. Yo no veo que eso cambiará si el dictador se llama Raúl Castro en vez de Fidel Castro. Obama había dicho meses atrás que él se reuniría con cualquier mandatario sin precondiciones, pero ya está retrocediendo levemente de esa posición. Hillary y McCain tienen posiciones más duras. Los tres, estoy segura, están midiendo su posición sobre Cuba en base a la necesidad de ganar Florida, donde los exilados cubanos tienen mucha fuerza política. Hay quien diga que el caso del niño Elián González le costó la elección de 2000 a Albert Gore, que perdió Florida por 527 votos; el abogado del padre de Elián era nada menos que Greg Craig, el mismo que ahora es asesor de Obama y defensor de Pedro Miguel González.

Andrés Oppenheimer, del Miami Herald, observó esta semana que Obama jamás ha viajado a Latinoamérica, mientras que Clinton lo ha hecho 18 veces. Pero, agregó Oppenheimer, la prueba más interesante será ver si alguno de ellos está dispuesto a nombrar el primer secretario de Estado hispano. Posiblemente está pensando en Bill Richardson, a quien mencionan como posible candidato a la vicepresidencia, para atraer el voto hispano. Me fijaré más en Richardson cuando llegue el momento.

La autora es corresponsal de La Prensa
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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