SOCIEDAD.
La Argentina del engaño
Alejandro A. Tagliavini
Uno de los eslogan favoritos del peronismo, y la izquierda, fue aquel de "la liberación nacional" de los imperialismos y sus multinacionales. Pero en esta Argentina, gobernada por el peronismo y la izquierda, las multinacionales aumentan sus ganancias. En el año 2007, el giro al exterior de utilidades, dividendos y otras rentas de las multinacionales y los accionistas no residentes alcanzó los mil 921 millones de dólares, 21.1% más que en 2006, casi un punto del PIB.
Descontando los ingresos desde el exterior de los argentinos (por inversiones propias o de sus empresas) por 162 millones de dólares, queda un rojo de mil 759 millones de dólares, casi 700 millones de dólares por encima de 2006, cifra récord. Es destacable el que esto se da al mismo tiempo que cae la inversión extranjera directa. Y a la vez que el gobierno mantiene artificialmente a la moneda local muy por debajo del dólar. Es decir que, en términos de divisas argentinas, el récord es todavía mayor.
La moneda local está tan devaluada que los precios se colocan casi 50% por debajo de la media mundial. Mientras que Islandia y Dinamarca son los países más caros del planeta, y los más baratos resultan Etiopía y Ghana, en esta parte del planeta México y Chile ostentan los precios más altos de Latinoamérica, según un informe del Banco Mundial, con datos de 2005 que no dejan de ser comparativamente reales a la fecha de hoy.
Pero este no es el peor engaño sobre la economía local. El más grande es el supuesto "extraordinario" crecimiento. Más allá de que Argentina se recuperó, por simple inercia, de una caída abismal hacia fines de 2001, no hubo ningún crecimiento espectacular. De hecho, ni siquiera se recuperó el nivel de vida de 2001. El increíble aumento de la criminalidad (actualmente se cometen homicidios, asaltos y robos a pocos metros de destacamentos policiales importantes), sorprende en un país que, supuestamente, está de parabienes. La realidad, por el contrario, es que esto demuestra que la pobreza y la marginalidad, como consecuencia de los bajos salarios y la desocupación, aumenta notoriamente creando un excelente caldo de cultivo para la delincuencia.
Según el gobierno, por ejemplo, durante 2007 la "inflación" (el aumento del IPC) habría sido de solo 8.5%. Mientras que los salarios subieron el 22.6%. Así, los jornales le habrían ganado a la inflación en 14.16 puntos. Pero la realidad es que el IPC aumentó alrededor del 26%, con lo que los salarios perdieron casi 4%.
De acuerdo con datos oficiales, el crecimiento del PIB en 2007 fue del 8.7%. Pero si se ajusta por el verdadero IPC, no subió más del 4%, lo que se explica por la notable subida de los precios de las materias primas exportadas. Aumento del PIB que, en gran parte, fue absorbido por el crecimiento de la población y otra parte fue a la renta de los niveles más ricos.
Mientras que en 1990 la masa salarial de los trabajadores representaba el 55% del PIB, hoy solo llega al 43%, según reconoció el propio gobierno. Pero ese "mal cálculo" de la inflación no solo tiene fines propagandísticos y políticos, sino también delictivos: 41% de la deuda externa del Estado se ajusta por el índice de inflación así, cada punto menos de subida en el IPC significa "un ahorro" para el gobierno de 421 millones de dólares, según datos oficiales.
Firmas Press. El autor es miembro del consejo asesor del Center on Global Prosperity
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