SERBIA.
Dar todo a cambio de nada
Thomas Brey
Tres días después de la declaración unilateral de independencia de Kosovo y en medio del creciente reconocimiento internacional del nuevo país, Serbia parece sumida en una frustrante resaca que sólo parece agudizarse. Y es que, hasta último momento, políticos y medios en Belgrado mantenían la ilusión de que la soberanía de la región albanesa no llegara a concretarse. El diario Politika sostuvo que una élite política analizaba un cambio de postura ante la ex provincia separatista, pero Estados Unidos reconoció su independencia un día después de que se declarara. Tras el fracaso de todas las negociaciones, Serbia se encuentra ahora con las manos vacías, sin provincia y sin posible "indemnización" por su pérdida. Con Kosovo se ha dado todo a cambio de nada. "Todos sabían que esto ocurriría antes o después", escribe el analista Djordje Vukadinovic. También diplomáticos de la Unión Europea (UE) advirtieron una y otra vez: "Dejamos bien claro a todos los líderes políticos serbios que la autodeterminación de Kosovo se produciría seguro".
Y aún así, los negociadores serbios se empeñaron durante años en mantener la misma postura irreconciliable: Kosovo no podía separarse. Lo que en cualquier disputa privada o proceso judicial resulta obvio, para Belgrado siempre quedó descartado: no habría ningún "plan B". Belgrado renunció así a exigir compensaciones por la pérdida de Kosovo. Y había muchas para pedir. Como propuso el escritor nacionalista Dobrica Cosic, Belgrado pudo reclamar un rápido ingreso en la UE como "contrapartida". También indemnizaciones multimillonarias por parte de Washington y Bruselas. O el levantamiento de la exigencia de visa para los serbios que quisieran viajar a Europa. Desde un punto de vista teórico, incluso pudo plantearse un intercambio de territorios con regiones serbias en Bosnia- Herzegovina. Por el contrario, los líderes serbios rechazaron bruscamente el tratado de asociación ofrecido por la UE. Belgrado está hoy más lejos que nunca de Bruselas. La violencia de esta semana contra embajadas y restaurantes extranjeros, negocios albaneses y puestos fronterizos sólo sirvió para extender un prejuicio, lamenta hoy el diario Blic: "Una vez más los serbios son mostrados como salvajes, mientras que desde Pristina llegan imágenes de gente feliz". Así el mundo no sabrá jamás "que sólo se trata de un puñado de forajidos y no de todo el pueblo serbio".
Con todo perdido, acaso sólo quede esperar la ayuda de un poder superior: más de 2 mil estudiantes se congregaron el lunes en la catedral ortodoxa del centro de Belgrado para organizar un servicio de oración por Serbia y Kosovo.
DPA
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