COOPERACIÓN Y ASESORAMIENTO.
El retorno a la Junta Interamericana de Defensa
Jorge Hernán Miranda Corona
Hace escasos días visitó Panamá la directora del Colegio Interamericano de Defensa, contralmirante Moira Flanders, de la Armada de Estados Unidos, quien sostuvo conversaciones al más alto nivel en el Ministerio de Gobierno y Justicia, la Autoridad del Canal de Panamá y el Ministerio de Relaciones Exteriores, con objeto de promover el programa de altos estudios en seguridad y defensa hemisférica, que dicha institución académica, localizada en Washington, D.C., ofrece desde su apertura en 1962, para beneficio de funcionarios militares, civiles y policiales. Dicho colegio es una dependencia de la Junta Interamericana de Defensa (JID) y es, quizás, su mejor producto. Panamá se reincorporó al seno de la JID recientemente, en un momento que ha sido oportuno, pues la propia JID ha realizado transformaciones positivas muy importantes.
Las principales condiciones que permitieron la reactivación de nuestro país son: primero, que la JID no exige a los Estados contar con un ejército regular para hacer válida su membresía. En consecuencia, cada país participa y se hace representar acorde a su ordenamiento interno, y segundo: que la JID se transformó en una entidad de la Organización de los Estados Americanos (OEA), lo que ha posibilitado un vínculo jurídico formal aparejado a la democratización de sus cargos.
Sobre esto último, la JID está presidida en la actualidad por el contralmirante Elis Treidler Oberg, de la Armada de Brasil.
Panamá está participando en la JID, sin que para ello haya tenido que incurrir en la creación de una instancia burocrática. La representación se ejerce desde la misión permanente ante la OEA.
En este sentido, la JID es una instancia de asesoramiento y recomendación apropiada. Su nuevo estatuto le define un carácter no operativo, es decir, la JID no constituye un instrumento de implementación de la fuerza internacional, como pueden llegar a ser en cierta medida, algunas de las operaciones de paz que emanan del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En otras palabras, la JID no es el brazo armado de la OEA, afortunadamente, y tampoco pretende serlo.
Aparte del colegio, la JID tiene en ejecución varias misiones de carácter humanitario en países tales como Honduras, Nicaragua, Colombia y la frontera entre Ecuador y Perú con la única y exclusiva tarea de limpiar zonas que, debido a conflictos armados, hoy están sembradas con miles de minas antipersonales, afectando la vida y seguridad de población civil.
La experiencia de la JID abarca áreas como la promoción de medidas de fomento de la confianza mutua y la seguridad así como atender las preocupaciones de los pequeños Estados insulares del Caribe, aquejados como se sabe por desastres naturales de honda magnitud.
Algunos de estos Estados, al igual que Panamá, no tienen ejército, pero son miembros plenos de la JID, en el entendido de que su participación es importante y beneficiosa para enfrentar todos esos nuevos fenómenos que afectan la seguridad de nuestros países.
Soy civil, egresado del Colegio Interamericano de Defensa, y puedo dar fe de que su programa de estudios resalta los valores de la democracia y la plena vigencia de los derechos humanos.
Nuestro pequeño país está desmilitarizado, lo que está consagrado en nuestra Carta Magna. No obstante, al igual que todos los países de la región, enfrenta desafíos no tradicionales a la seguridad como son el fenómeno de las pandillas, la trata de personas, incursiones de indocumentados, estudios sobre el tratamiento de las poblaciones de desplazados, nuevos controles y estándares migratorios y la delincuencia organizada trasnacional, que en ocasiones muestra conexiones con el narcotráfico. Temas tratados a nivel académico en el mencionado colegio, con lo cual la cooperación internacional resulta indispensable.
Debo agregar que tuve como compañera de aula a la presidenta de la República de Chile, Michelle Bachelet, médico de profesión que al retorno de su exilio se impuso la tarea de prepararse en temas de seguridad, con resultados fructíferos al frente del Ministerio de Defensa de esa hermana nación.
El retorno a la JID representa para Panamá el poder articularse en una instancia de cooperación y asesoramiento sobre temas de fundamental importancia, sin menoscabo de nuestro ordenamiento jurídico, acorde al interés nacional.
El autor es representante alterno de Panamá ante la OEA y jefe de delegación ante la JID
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