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Panamá, viernes 15 de febrero de 2008
 

VENEZUELA.

Mengua la fe en Chávez

Simón Romero

Estos deberían ser los mejores tiempos para Venezuela, que cuenta con las mayores reservas convencionales de petróleo fuera de Oriente Medio y precios del crudo cerca de niveles históricos. Sin embargo, los problemas económicos y sociales del país se han vuelto tan agudos que el presidente Hugo Chávez enfrenta una inusual embestida de críticas, incluso de sus propios partidarios, con respecto a su administración.

En un inusual giro de 180 grados, son los opositores quienes al parecer tienen los vientos políticos a su favor, a medida que revierten políticas de abstencionismo y preparan a docenas de candidatos para elecciones regionales de importancia crucial. Chávez, quizás por primera vez desde una votación de anulación en 2004, está cada vez más a la defensiva, conforme se cree que sus esfuerzos por llevar a Venezuela al socialismo no logran abordar una creciente lista de preocupaciones, como la delincuencia violenta y la escasez de productos de la canasta básica.

Si bien Chávez sigue siendo la figura política de mayor poder en Venezuela, lo que otrora era su autoridad incuestionable está mostrando algunas grietas. Lo que era impensable hace unos cuantos meses: empezaron a surgir pintas en la capital, en enero, con la leyenda, "Diosdado Presidente", manifestación de apoyo hacia una posible postulación a la presidencia por parte de Diosdado Cabello, partidario de Chávez y gobernador de Miranda.

Brotes de dengue y chagas han alarmado a familias que viven en esta ciudad. Los temores de una devaluación de la nueva divisa, llamada "bolívar fuerte", están impulsando la salida del capital. Si bien la economía pudiera registrar un crecimiento de 6% este año, impulsada por los altos precios del crudo, la producción en yacimientos controlados por Petróleos de Venezuela, ha declinado. La inflación se disparó en 3% en el mes de enero, su máximo nivel mensual en una década. De hecho, algunos economistas ven una desarticulación económica consumiéndose a fuego lento en un país rebosante de ingresos del petróleo. Pero, a medida que Chávez se embarca en su décimo año en el poder, es difícil que culpe a gobiernos anteriores por los males.

Lo anterior es cierto, particularmente en áreas pobres, en las que los electores no acudieron a darle su respaldo en el referendo de diciembre sobre una reorganización constitucional, que habría incrementado los poderes de Chávez. Es una punzante derrota de la cual el Presidente aún no se recupera.

"No puedo encontrar frijol, arroz, café o leche", dijo Mirna de Campos, de 56 años, asistente de enfermera que vive en el pobrísimo distrito de Los Teques, en las inmediaciones de Caracas. "Lo que se puede encontrar es güisqui, y mucho". El contraste entre la retórica revolucionaria y el consumo de artículos de lujo importados por parte de una nueva élite alineada con el gobierno de Chávez, conocida como la "burguesía bolivariana", ha dado paso a cuestionamientos mayores de las prioridades de su movimiento político. "Si bien la revolución de Chávez se ha estancado, puede avanzar si él es capaz de resolver algunos problemas", comentó Daniel Hellinger, politólogo de la Universidad Webster en San Luis, quien sigue de cerca a Venezuela.

Chávez puso de relieve el desafío tras su primera derrota en las urnas, cuando se pronunció por un año de "revisión, rectificación y relanzamiento". Emitió un decreto de amnistía para opositores políticos que habían estado acusados de respaldar un breve golpe de estado en 2002 y sacudón a su gabinete, reemplazando a su vicepresidente y ministros a cargo de la economía y del combate a la delincuencia. Pero, por cada pequeño cambio en la política o por cada estadística favorable por parte del Gobierno, Chávez ha generado mayor ansiedad al intensificar sus amenazas relativas a una expansión del control del Estado sobre la economía y la sociedad. Por ejemplo, advirtió que nacionalizaría grandes distribuidores de alimentos sorprendidos encareciendo productos.

Pedro Pinate, consultor agrícola en la ciudad de Maracay, dijo: "Nosotros vivimos en dos países, uno habitado por oficiales que piensan que pueden alterar la realidad mediante el envío de soldados para intimidar a la ciudadanía. Y otro en el cual el resto de nosotros vivimos con el temor de ser asesinados o secuestrados o que nuestros negocios sean incautados".

Este temor se refleja en una estadística cuya publicación es ilegal en Venezuela: el valor del bolívar fuerte en el mercado negro, puesto en circulación al comienzo del año para reemplazar al viejo bolívar. Su valor ronda en aproximadamente 5.2 contra el dólar, a decir de cambistas de divisas en la localidad, lo cual equivale a más del doble del tipo de cambio oficial, de 2.15.

Para otros problemas internos, el enfoque de Chávez ha sido igualmente errático. Tras el brote de fiebre del dengue, que llegó hasta su gabinete, infectando al ministro de Cultura, Francisco Sesto, el presidente no reorganizó el sistema de salud pública. En su lugar, se pronunció por una investigación de alegatos en el sentido de que la enfermedad pudiera haber sido alterada, convirtiéndola en una variedad más virulenta, como parte de un ataque en contra de Venezuela por enemigos no identificados.

Los enemigos de Venezuela rara vez han sido tan amenazantes como en semanas recientes, con base en Chávez, quien ha elevado una discusión política con el presidente colombiano, Álvaro Uribe, al grado de movilizar tropas a lo largo de los 2 mil 80 Kms de frontera común.

En enero, Chávez alegó que oficiales militares de Colombia estaban conspirando con oficiales estadounidenses en Bogotá para matarlo. Con esta fueron 25 veces las que el Gobierno de Venezuela ha dicho que Chávez era blanco de asesinato desde 2002, con base en información de Tal Cual, diario en esta ciudad.

A medida que estas complicaciones internas y económicas se acumulan, Chávez enfrenta una nueva prueba este año con elecciones estatales y municipales, con una opinión revigorizada produciendo candidatos a lo largo del país. Chávez podría terminar perdiendo cierta autoridad si sus opositores ganan tan solo un puñado de estados o ciudades, casi todas bajo el control de sus partidarios.

Incluso más impredecible es la dinámica dentro del propio movimiento del Presidente, con algunas candidaturas insurgentes clamando un desafío al statu quo.

The New York Times
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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