La escasa concurrencia a la marcha del Suntracs de ayer es una muestra adicional de la orfandad de la convocatoria sindical. Aunque algunas de sus peticiones sean legítimas y puedan contar con la simpatía ciudadana, el uso de la violencia y su obstinación en perjudicar el libre tránsito de los ciudadanos, ha simplemente colmado la paciencia del país.
Peor aún, los dirigentes sindicales deben responder también –así como lo hace la fuerza pública– por todos los abusos contra la propiedad pública y privada que han cometido durante estas jornadas destructivas, con un comportamiento gansteril que no encuentra justificación en la situación actual.
Es cierto que esperamos una fuerza policial firme y prudente, pero también es hora de reclamarle a la dirigencia su cuota de responsabilidad por la espiral de violencia. No podemos permitir que cada vez que Suntracs lo dispone, secuestre al país con acciones que rayan en lo criminal, y su dirigencia siga decidiendo muy cómodamente cómo y cuándo alterar el orden público. |