REGRESO A IRAK.
Anhelos de un futuro sin violencia
983696Ahmed Rasheed y Wisam Mohammed
Cuando Abu Mutaz regresó a Bagdad después de haber huido a Siria de la violencia sectaria, la encontró irreconocible en comparación al campo de batalla que había dejado atrás. "Vi una ciudad distinta donde los barrenderos de las calles estaban trabajando como abejas y los comercios estaban en su mayoría abiertos", dijo Abu Mutaz, quien huyó de un distrito árabe suní del oeste de Bagdad después de que los bombardeos convirtieron el lugar en un infierno.
Abu Mutaz es uno de los miles de refugiados que en las últimas semanas han hecho emotivos retornos a Irak, alentados por una situación de seguridad más estable y hartos de las penurias del exilio. Su felicidad por estar de vuelta se ha distendido, al menos por ahora, debido al futuro incierto al que muchos de ellos se enfrentan en una ciudad donde los empleos son difíciles de encontrar y perdura la amenaza de la violencia. Desde la invasión encabezada por EU en 2003, alrededor de cuatro millones de iraquíes han sido desplazados por una feroz insurgencia y luego por los salvajes enfrentamientos entre árabes suníes y chiíes, que han ocasionado la muerte a decenas de miles de personas. Las organizaciones humanitarias estiman que dos millones de personas huyeron del país, principalmente a Siria y Jordania. Pero hacia fines del año pasado, un lento flujo de iraquíes comenzó a volver después de medidas en favor de la seguridad en la capital, que tendrán su primer aniversario hoy, 14 de febrero.
En lugar de cadáveres apilados, encontraron comercios reparados y prósperos, e incluso barrenderos recogiendo la basura. "Nuestros vecinos nos llamaron y nos alentaron a regresar, ya que la seguridad en Bagdad había mejorado", dijo Athraa Hadi, quien en noviembre regresó de Siria con sus tres hijos después de que su esposo, un mecánico automotriz, viajara primero para ver si el país ya era seguro. "Regresamos a nuestra casa y mi esposo volvió a su trabajo. Nos estamos sintiendo mejor ahora", afirmó.
‘DURO Y DEGRADANTE’
Muchos refugiados encontraron que las condiciones en Siria eran muy duras. "La vida allí es tan dura y degradante, mi familia decidió que morir en Bagdad era mejor que vivir allá como refugiados", dijo el ingeniero de la construcción Esam al–Ani, de 37 años, quien huyó después de que su padre muriera durante un enfrentamiento armado a fines de 2005. Los grupos de ayuda dicen que muchos refugiados tenían pocas alternativas, salvo regresar porque su dinero se les había terminado. El informe para febrero de 2008 del Alto Comisionado para Refugiados de Naciones Unidas (Unhcr, por su sigla en inglés) encontró que gran parte de los refugiados no estaba regresando porque sentía que su patria era más segura sino porque ya no podían costear vivir en el exterior. También decía que el flujo de regreso de refugiados de Siria a Irak había disminuido después de una marcada oleada de fines del año pasado, y que actualmente hay más personas saliendo que volviendo a casa.
La Organización Internacional para la Migración (IOM, por su sigla en inglés) dijo que algunos de los refugiados habían vuelto para encontrar sus casas destruidas, ocupadas o saqueadas. Algunos estudios sugieren que solo entre 20% y 30% han vuelto a sus antiguos hogares. La IOM dijo también que aproximadamente 50% de quienes habían regresado estaban desempleados y muchos informaron que no habían recibido ayuda financiera alguna.
Algunos se vieron forzados a huir nuevamente después de recibir amenazas de muerte, mientras otros estaban viviendo en estructuras sin agua potable que originalmente fueron construidas para albergar pollos, indicó el reporte.
El chií Naseer al–Saidi, de 52 años, quien trabaja para el Ministerio de Industria, le dejó su casa a un amigo cuando huyó del distrito Doura, principalmente suní hacia la ciudad de Nassiriya, al sur. Cuando regresó, su amigo no quiso mudarse. "Traté de presionarlo por medio de sus parientes y él les dijo que se iría el mes que viene", dijo Saidi, quien alquila una casa a una familia cristiana.
BALAS EN UN SOBRE
El chií Haider Radhi, de 29 años, dejó su casa en Doura para irse a la ciudad de Diwaniya, al sur de país, después de que su familia recibió balas en un sobre, una por cada hombre de la casa. Cuando regresó, su casa había sido saqueada, pero la ayuda vino de sus vecinos suníes. "Nos dieron donaciones, cada uno nos dio parte de su muebles para la casa", expresó. "Fue muy impresionante a pesar de que sean suníes y nosotros chiíes", agregó. Muchos conservan el optimismo.
Esam Al–Ani dijo que reabriría su mugriento estudio de diseño que abandonó en el exclusivo distrito Mansour para irse a Siria con su madre enferma y dos hermanas. "Es realmente lindo comenzar una nueva vida", señaló.
Pero no todo ha vuelto a la normalidad. La calle principal en el distrito Jamiaa de Ani, al oeste de Bagdad, permanece casi vacía, con la mayoría de los comercios dilapidados y cerrados. Unos pocos refugiados se arrepienten de haber regresado. Uno de los desilusionados es Mohammed Salman al–Dulaimi, un padre de seis niños que huyó del distrito Ghazaliya de Bagdad en 2006 cuando su hijo fue asesinado por hombres armados. Tras solo tres meses de haber regresado, quiere volver a irse. "La situación es trágica, sin agua, sin gas para cocinar y sin electricidad.
Si tenemos dinero suficiente viajaremos de nuevo a Siria. Solo imagíneselo, ni siquiera podemos darnos un baño", manifestó.
REUTERS
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