SALUD.
Negocio redondo
Tania T. Herrera R.
Luego de la disconformidad de los pacientes, médicos, de garantes, y del inminente colapso de las empresas médicas en el Hospital San Miguel Arcángel, está claro que el tema de salud sigue sin resolverse. Las hojas de ruta se extraviaron entre discusiones, pugnas gremialistas y directrices internacionales. Mientras nos ponemos de acuerdo siguen proliferando, en nuestro país, multinacionales de la salud, entidades dedicadas a la intermediación y que poco se preocupan por la calidad de atención del paciente y ahogan al gremio médico.
Pero, ¿cuál es el historial de estas multinacionales? Como ejemplo está lo ocurrido en Colombia, donde hay seis empresas que mantienen un monopolio (Colsanitas, Colcafe, Coomeva y Salud Total, entre otras).
La famosa Ley 100 estableció la prestación de servicios de salud y seguridad social dentro de un contexto de oferta y demanda y, por lo tanto, el sistema se transformó en un negocio de venta de servicios a la comunidad mediante intermediarios financieros que garantizan bajos costos operativos y ganancias para las Empresas Promotoras de Salud (EPS), los operadores del mercado.
En conclusión, la salud no es un derecho, al que debieran acceder todas los colombianos, es un negocio. Como empresa lo que buscan es mejorar la rentabilidad: acortar los tiempos de atención de la consulta médica, negación de servicios, condiciones desfavorables en la contratación de los profesionales de la salud. La consecuencia inmediata fue el no cumplimiento en aspectos de promoción ni prevención de salud, el retroceso en la cobertura de vacunación y el deterioro en los indicadores globales de salud. Está claro que si en Panamá adoptamos tal sistema estaremos expuestos a iguales riesgos y a un retroceso paulatino de la salud.
El Gobierno colombiano ha tenido que marcar límites para estas empresas. Es por esta razón que algunas han iniciado su expansión a países como Venezuela, Ecuador, Panamá y Perú, entre otros. El modelo es el siguiente: crean empresas que rápidamente proliferan, luego construyen hospitales privados y posteriormente crean facultades de medicina para formar el recurso humano que siga sus intereses: negocio redondo.
Ya tocará a cada uno, pacientes, médicos y hospitales, ver si permiten la proliferación de estas entidades en nuestro país o van hacia el colapso total. Concluyo con una frase acuñada: no creo que debamos querer algo así para nuestro país.
La autora es médica
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