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Panamá, viernes 8 de febrero de 2008
 

DISTORSIÓN DE VALORES.

Un guía para la juventud panameña

Delia Cárdenas

Ante el desconcierto moral que sufre la juventud panameña, surge la urgente necesidad de solicitar el regreso de monseñor Emiliani, para que contribuya con el rescate de la misma. Los panameños necesitan escuchar, constantemente, en toda la geografía nacional, sus mensajes de amor y de esperanza.

La labor de monseñor, por años, en favor de la juventud de un país centroamericano, ha sido extraordinaria, ahora la nuestra lo necesita con urgencia. Una juventud que agoniza frente a la carencia de modelos, por ello, intentar corregir el curso equivocado que lleva, es una necesidad impostergable.

Monseñor Emiliani es el modelo que le hace falta a los jóvenes panameños, quienes son producto del ambiente enrarecido en que se desenvuelven ante la indiferencia de la familia, de la sociedad y, en especial, de gobiernos sordos e insensibles.

La ausencia de censura, ante la violencia y pornografía masiva, divulgada a toda hora, en los medios televisivos, radioemisoras y hasta en las expresiones artísticas, propicia un ambiente donde la excepción es la regla, donde lo incorrecto es natural, donde el bien se confunde con el mal, donde la falta de recato es moda y la ausencia de modales es condición para ser socialmente aceptado.

Nuestra juventud se enfrenta a una sociedad hostil, violenta, injusta, desequilibrada colmada de peligros, de vicios y desvalores, peor aún, con pobrísima educación, precario nivel de cultura, que hace constante la lucha por la subsistencia.

La juventud está atrapada en el círculo de pobreza, donde la falta de oportunidades que causa la poca o ninguna preparación, para desempeñar un buen oficio o trabajo, la convierte en un lastre que carga toda la familia y por ende la sociedad.

¿Qué futuro le espera a nuestro país? Con jóvenes descarriados, en una sociedad donde lo moral es inmoral y lo inmoral es aceptable, con una escala de valores distorsionada por el consumismo; en donde abunda la tenencia de bienes innecesarios y costosos, crece el irrespeto por la vida y la indiferencia por ser un buen ciudadano, ante la incapacidad e irresponsabilidad de las autoridades llamadas a tutelar dichos valores.

La juventud panameña, carente de oportunidades para lograr una vida sana, frente a la corrupción rampante, a la falta de seguridad, al encarecimiento de los productos de primera necesidad, la carencia de trabajos bien remunerados y ausencia de diversión sana se está tornando violenta, hosca, irrespetuosa, despreocupada, irresponsable, con el riesgo de incurrir en actuaciones ajenas a la moral y buenas costumbres y peor, con tendencia delictiva.

Monseñor Emiliani, a quien el Señor ha favorecido con un don especial: su palabra, que logra persuadir, tranquilizar, concienciar, alertar, aconsejar a muchos panameños con "sus mensajes al corazón", puede lograr la diferencia, con mensajes fuertes y profundos a la juventud, que fortalezca la confianza en sí mismos y eleve su autoestima para beneficio de su intelecto.

¡Panamá necesita que le devuelvan a monseñor Rómulo Emiliani!

La autora es abogada
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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