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Panamá, viernes 8 de febrero de 2008
 

EL BIEN COMÚN.

El reto de la comunicación política

980532Giancarlos Candanedo Páez

En un mundo cada vez más materialista y relativista, la importancia de humanizar la política y las formas de transmitir el mensaje a las personas es fundamental, puesto que la comunicación como elemento de la política debe tener la misión de inspirar, en el ámbito individual y colectivo, los comportamientos y opciones que permitan mirar al futuro con confianza y esperanza.

"Considerar a la persona humana como fundamento y fin de la comunidad política significa trabajar, ante todo, por el reconocimiento y el respeto de su dignidad mediante la tutela y la promoción de los derechos fundamentales e inalienables del hombre" (Consejo de Justicia y Paz, 2005:196), todo esto en busca del bien común, principal objetivo de la gestión política y gubernamental.

La comunicación en general y la política en particular tienen como premisa su fundamento en la persona humana, y la relación entre las personas exige confianza, porque "sin la confianza en la veracidad ajena, la convivencia social sería imposible", según nos dice Ángel Rodríguez Luño.

Es evidente que uno de los objetivos de una estrategia de comunicación política es el resultado favorable a nuestra organización política concretado en el triunfo electoral. Sin embargo, no es este el principal objetivo de la comunicación política. Hay más de fondo. Nuestro objetivo debe ser ganar una elección, cierto, pero con una clara estrategia de comunicación política que sea ética, motivadora, esperanzadora, pero sobre todo veraz. Esta estrategia –enmarcada en la búsqueda del bien común– debe tener un claro contenido social y responsable, debe huir de la frivolidad de vender a un candidato o a un partido, como si fuera únicamente un producto comercial a ser adquirido por clientes para satisfacer una necesidad. De aquí surge el tema ético de la comunicación política. ¿Qué podemos hacer?, ¿hasta dónde podemos llegar?, ¿se justifica la mentira en este tipo de comunicación?

No es mi intención establecer límites al desarrollo de una estrategia de comunicación política; sin embargo, es innegable que, por tratarse del bien común de una sociedad, dicha estrategia debe guardar unos criterios éticos sólidos. De lo contrario, podemos caer en el error de hacer cuanto sea necesario para lograr únicamente el objetivo de ganar unas elecciones, bajo la premisa de Maquiavelo: "el fin justifica los medios". A esto debemos añadir que las estrategias de comunicación política necesitan estar dotas de contenido en cuanto a políticas de gobierno y de Estado. No se trata de vender a un individuo, se trata de transmitir el mensaje de las acciones que realizaremos durante un período determinado para cumplir con nuestra responsabilidad de velar, proteger y promover el bien común. Por tanto, que la estrategia de comunicación política tenga un contenido serio, responsable y veraz, no meramente comercial y publicitario, es un aspecto íntimamente relacionado con la ética, la capacidad de gestión y la profesionalidad de quienes aspiran a gobernar.

A través de una estrategia de comunicación política honesta y veraz, tenemos la doble oportunidad de ganar una campaña política, pero también de, haciéndolo bien y con sentido ético, tenemos la oportunidad de modificar la percepción que hoy existe sobre la política y los políticos. Queda claro que la comunicación política en las circunstancias de la sociedad actual, no debe limitarse únicamente al triunfo en una campaña electoral –quien no lo entienda así está predestinado al fracaso de un momento a otro– sino también a la fidelización de esas personas que depositaron su confianza en nosotros, cumpliendo con la responsabilidad ineludible de lograr el bien común de la sociedad.

En la medida en que con profesionalidad y criterios éticos se transmita este mensaje, no solo garantizaremos una buena estrategia de comunicación que nos pueda llevar a un triunfo electoral, sino que también ayudaremos a humanizar la política porque, reitero, la misión del político no es ni debe estar en función de sus intereses, sino en función de la persona humana, de su dignidad y del respeto a sus derechos.

La responsabilidad de la comunicación política es transmitir un mensaje verdadero de que el interés del candidato es, realmente lograr el bien común. Por tanto, no se justifica la mentira ni en la comunicación política, ni en la vida profesional en general, entre otras razones porque: "corrompe moralmente al que la dice; viola el respeto debido al prójimo, engañando su confianza; y perturba el orden social, pues se opone a las condiciones de la paz pública y la mutua concordia entre los hombres" (Rodríguez L. 1984:242).

El autor es abogado
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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