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A medida que Migdalia González avanza por los polvorientos caminos de Villa Escondida, sus chancletas se van tornando chocolates y las bastas de los pantalones se llenan de "pega-pega". Va contenta porque la generosidad del pozo artesiano le suplió de agua para hacerle la comida a la peonada que se fue al monte. Villa Escondida es una comunidad del corregimiento de Pedregal, David, Chiriquí, donde es difícil ocultar la pobreza, la necesidad y la falta de servicios públicos elementales como agua y electricidad. "En el caserío vivimos como 300 personas que ya dejamos de contar los años que tenemos de pedirle a los gobiernos que nos ayuden", dijo Migdalia cuando respondió su celular. Según ella, antes se alumbraban con velas, pero ahora pegan sus telarañas a los cables de la electricidad. "Aquí todo está oscuro. La gente se pega a los alambres para sacar luz". Los moradores de Villa Escondida se dedican a la pesca y la agricultura, sin embargo, algunos han conseguido "un trabajito" por la ciudad. El gobernador de Chiriquí, Virgilio Vergara, dijo que las condiciones de vida de esta gente mejorará cuando legalicen sus tierras. Ellos invadieron terrenos privados. Migdalia y sus compañeros de penurias todavía sienten el eco de las palabras de los políticos que han empolvado sus botas por esas tierras, para prometer la donación de bloques para las casas. Pero por ahora: "Nada en dos vasos". El pozo artesiano parecer ser el único viejo fiel.
Fotos: Carlos Lemos Además en nacionales • Foco de enfermedad en la barriada Altos de San Gabriel
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| © 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
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