Desde hace muchos años la situación del tránsito vial en Panamá es un verdadero caos, el cual se ha venido alimentando principalmente de cuatro elementos: primero, la falta de voluntad política para resolver el problema; segundo, la falta de planificación en materia vial; tercero, la ineficacia y dejadez de la Autoridad de Tránsito (ATTT) en el cumplimiento de sus funciones y en la aplicación de la ley; y cuarto, el irrespeto ciudadano por las leyes de tránsito, promovido por la inexistencia del castigo.
Sin embargo, al margen de los desaciertos y tareas pendientes de la ATTT, es oportuno alejarse por un momento de la crítica y reconocer la labor realizada durante el Carnaval, cuando 200 conductores ebrios fueron despojados de sus vehículos, multados y se les retuvo la licencia por tres meses, lo que indudablemente salvó vidas humanas.
Ojalá actuaran con igual eficacia y contundencia todos los días, y no solamente para estas celebraciones. |