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Panamá, sábado 2 de febrero de 2008
 

INVESTIGACIONES. MIGRACIÓN Y COMPORTAMIENTO.

INNOVA
Tras los cantos de ballenas

El avistamiento, la identificación fotográfica, el rastreo satelital y técnicas sonoras permiten a los científicos estudiar distintas especies de ballenas.

Desde 2003, en el Archipiélago de Las Perlas se desarrolla un estudio del sonido que emiten las jorobadas, con el que se busca comparar sus poblaciones.

CORTESÍA/Greenpeace
HIDRÓFONO. Parte del equipo usado en la Antártica.978317
Tamara Del Moral
tdelmoral@prensa.com

Desde un bote inflable, Leandra Gonçalves arroja a las aguas del océano austral el hidrófono —un micrófono acuático que va dentro de una especie de manguera larga—, que le permite estar hasta a 50 metros de distancia de los animales para no perturbarlos. Así graba los sonidos que emiten las ballenas jorobadas, mientras se alimentan.

"Hemos visto grupos de hasta 40 ballenas juntas comiendo. El registro de sonidos de estos animales en áreas de alimentación, principalmente en la Antártica, es muy raro", afirma vía telefónica la bióloga especializada en comportamiento animal y de ballenas, que integra la flota de la nave Esperanza de Greenpeace.

En las últimas semanas, la tripulación de este barco se ha enfrentado a los balleneros japoneses en las aguas del santuario ballenero Antártico, quienes aseguran utilizar la cacería con fines científicos. Para Gonçalves, "la cacería científica no arroja buenos resultados y, por el contrario, podría acabar con las poblaciones de ballenas". Por eso, insiste en el uso de métodos de estudio no letales.

Explica que los sonidos que emiten las ballenas al comer tienen una frecuencia distinta a los sonidos propios de la reproducción.

¿Emiten un sonido particular cuando se sienten amenazadas, por ejemplo, por los cazadores? "Creemos que sí, pero hasta ahora ellos no han podido cazarlas, así que no hemos podido registrarlo, lo que es bueno".

Otra técnica de estudio que aplican es la identificación por medio de fotografías. "Sacamos fotos de la parte de abajo de su cola, ellas tienen una pigmentación blanca que sirve como patrón individual, y con eso podemos hacer un estudio de su migración".

También están observando orcas, minkes y ballenas de aleta. La idea es llevar un registro detallado de las poblaciones que encuentran en esa zona, y presentar los resultados del estudio en la próxima reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), que se celebrará en Chile en julio de este año.

"Estos datos aportarán información valiosa para la conservación de estas especies. Es muy importante que los países de América Latina, entre ellos Panamá, estén juntos para prohibir la cacería", señala.

Los análisis que hace esta organización ecologista se suman al que empezaron en agosto del año pasado, junto a otros grupos científicos, sobre las migraciones de estos mamíferos marinos. El año pasado les colocaron transmisores satelitales a cerca de 20 ballenas entre las islas Cooke y Nueva Caledonia, y se registraron sus movimientos migratorios.

"Con este nuevo estudio en la Antártica, podremos saber más sobre las poblaciones de acá, de dónde vienen, dónde se están reproduciendo..."

ESTUDIOS EN PANAMÁ

Existen alrededor de 46 especies de ballenas (misticetos y odontocetatos), y en Panamá se pueden apreciar algunas poblaciones durante todo el año, sobre todo en los meses de julio a noviembre (invierno en el sur) y otras entre enero y abril (invierno en el norte). Entre las que visitan las aguas nacionales están la jorobada, Bryde, la rorcual común, piloto, la orca, la falsa orca y, en menor frecuencia, la ballena azul y los cachalotes.

"Algunas, como las jorobadas, buscan las aguas protegidas y someras del sistema insular de Panamá para tener sus crías, aparearse, cortejarse y pelearse. Otras como la tropical o Bryde —de la cual no sabemos nada— creemos que pasa por aquí a alimentarse, pero no estamos seguros", dice el doctor Héctor Guzmán, científico del Instituto Smithsonian.

Guzmán añade que en Panamá se han realizado dos estudios sobre ballenas, uno fue hecho por una norteamericana en el Golfo de Chiriquí y el otro, donde él participa como investigador principal, se ejecuta desde 2003 en Las Perlas. Explica que se marcan los animales y se rastrean por medio de satélites para tratar de conocer sobre las rutas que siguen, además de usar la fotoidentificación.

"Se sabe que a Panamá vienen ballenas de los dos hemisferios, pero no se sabe mucho sobre lo que hacen después", asegura el científico, quien añade que el estudio que realiza junto con la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología, podrá definir esto mejor.

Entre 2003 y 2007, afirma Guzmán, se han catalogado aproximadamente 230 ballenas jorobadas a su paso por Panamá. En Las Perlas se estudia el sonido que estas emiten, con el que se busca comparar similitudes entre las poblaciones, basándose en sus cantos.

¿Se han medido cambios en el agua que pudieran afectarlas? "Contaminantes en general y ruido de barcos, sus motores y los sonares", dice Guzmán.

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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