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Panamá, viernes 1 de febrero de 2008
 

INCENTIVOS.

La ley de la zanahoria

Miguel Ángel Boloboski F.

Al grano. El tema de la delincuencia (demás está decir que otros muchos problemas), no tiene solución, a menos que la sociedad decida incentivar a los actores principales. Denomínense actores principales a "los padres de familia".

Todos los seres humanos actuamos con mayor esmero, entusiasmo y desarrollamos mejor nuestras capacidades y aptitudes, si existen de por medio incentivos. Los incentivos se aplican para todo orden de cosas. En el amor, en el trabajo, en el deporte, en los estudios y en general en todo aspecto de nuestro diario vivir. Inclusive los delincuentes actúan por incentivos.

Excepto por unos poquísimos casos, nadie puede dudar del amor que profesan los padres para con sus hijos. Pues bien, dicho lo anterior me parece que la única manera posible de aplacar y disminuir (no existe la solución perfecta) en el tiempo los índices de la delincuencia es incentivando a los padres para que se preocupen en la educación de sus hijos, inculcándoles valores (escuché a nuestro presidente que esa responsabilidad no podía ser transferida y tiene toda la razón).

¿Qué propongo? Pues algo simple; reconocerles en dinero constante y sonante a los padres que logren los objetivos que la sociedad en conjunto defina como propósito a alcanzar. La medición se llevaría a cabo según los logros alcanzados por los hijos. Algunos dirán que este tipo de incentivos ya existen. Se refieren a que la educación es deducible del impuesto sobre la renta, sin embargo, la mayoría de los panameños no acceden a esa posibilidad, y esta propuesta va dirigida especialmente a las mayorías (aunque toda la sociedad participaría).

Seguro estoy que lo anterior resultaría ser una bagatela en comparación a la pregunta de: ¿Cuánto nos cuesta la delincuencia en general? Yo diría que a lo menos unos cientos de millones de dólares entre una cosa y la otra, y siempre dentro de figuras calculables, pues existen algunos intangibles que jamás podrían ser calculados en su justo valor (una vida por ejemplo).

Décadas de estudios han demostrado que un niño que nace en un entorno familiar adverso tiene muchas más probabilidades de convertirse en un delincuente. Algunos opinarán que es amoral incentivar el amor de los padres para con sus hijos, sin embargo la moral representa el modo en que a las personas les gustaría que funcionase el mundo, mientras que la economía a través de sus incentivos representa cómo funciona éste en realidad.

Los incentivos constituyen la piedra angular de la vida moderna, y comprenderlos, o descubrir algo a partir de ellos, es la clave para resolver prácticamente cualquier misterio, desde el crimen violento, hasta las trampas en el mundo del deporte, el amor, el trabajo, la política y así cualquier aspecto de la vida humana.

Si actuamos pronto veremos resultados pronto; si no; que dios nos agarre confesados, pues el fin estará más cerca de lo pensado.

El autor es abogado y profesor universitario
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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