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Panamá, jueves 31 de enero de 2008
 

TIEMPO PARA RESOCIALIZAR.

Delincuentes, infractores y sociedad: Jorge Gamboa Arosemena

Jorge Gamboa Arosemena

El año 2008 ha empezado alarmando a la sociedad porque, en 20 días, se han producido más de 30 homicidios, muchos ejecutados por menores de edad.

Que se aumente la pena a los menores, que se incremente el pie de fuerza de la policía, que se implante un programa de mano dura y otras más son las propuestas.

Así como los adictos a drogas no podrán controlar su enfermedad si no reconocen que están enfermos, nuestra sociedad y la de la de las mayorías de los países, si no reconoce que está enferma socialmente hablando, no logrará los avances que acaben con este flagelo. La enfermedad es de todos los integrantes de la sociedad, por acción u omisión.

Claro que los gobernantes son los primeros que deben enfrentar el problema, pero no es menos cierto que tenemos los gobiernos que nos merecemos o, como se comenta, tenemos los gobiernos que se nos parecen. Cabe entonces romper el círculo vicioso y conseguir mejores gobernantes y mejorar como sociedad.

Pero, analizando un refrán campesino que reza: "mientras crece la hierba, ¿se nos muere el caballo?", indudablemente que no podemos esperar, sino trabajar en la contención, en la rehabilitación y en la prevención de la delincuencia.

La contención se fundamenta en generar elementos de disuasión para que los delincuentes mayores y los menores infractores entiendan que les costarán más sus actos antisociales, y para que los padres de los menores infractores sean solidarios o responsables de los actos de sus hijos. Endurecer las penas es obligatorio, pero más que la pena, se debe contemplar el tiempo para la resocialización del individuo que es el objetivo o, en su defecto, su segregación de la sociedad, para que no la dañen.

Los preceptos morales hablan del mal menor y, a ratos, del descontrol. La contención debe enfocarse en aumentar el tiempo para resocializar o para la defensa de la sociedad. Si para preservar la oportunidad de la vida de una persona ésta tiene que someterse a una amputación de algún miembro, nadie lo objeta. Como se trata al cuerpo biológico, así debe tratarse al cuerpo social. Sí, hay que amputar, pero sin llegar a la pena de muerte; es decir, el que delinque debe ser sacado de circulación. La contención lleva a aumentar la eficacia de los cuerpos de orden y seguridad con tecnología, con mayor presencia en las comunidades y con acciones de inteligencia. La contención es inmediata.

La rehabilitación implica que los segregados de la sociedad sean sometidos a programas que los saquen del estilo de vida que han adoptado o al que han sido empujados. Nuestro sistema penitenciario es un adefesio. La rehabilitación es a mediano plazo.

Prevención promoviendo valores. ¿Qué vida tendrá un niño que crece en un hogar (si se le puede llamar así) en el que ve y sufre por la violencia doméstica o un niño que observa como los mayores de su entorno consumen drogas, roban, hurtan, trafican, prostituyen o se prostituyen, viven hacinados, en familias disfuncionales y que, para rematar, son empujados por la sociedad hacia el consumo y el hedonismo? ¿Y qué se puede esperar, si ese niño busca buenos ejemplos en los políticos, maestros, religiosos, deportistas y demás, pero estos tampoco se los dan?

La prevención es a largo plazo, para lograr resultados, porque trabajará sobre los posibles futuros delincuentes. Pero para todo esto se trabaja con ejemplos.

No es posible que cualquier allegado a los gobiernos de turno cometa actos de corrupción, pero quede impune por prescripción, o que los pocos condenados gocen de medidas cautelares o dilaten el cumplimiento de las penas interponiendo recursos.

¿Quién afecta más a la sociedad, un delincuente o un menor infractor que lesiona o mata a su víctima o el funcionario o traficante de influencias que "coimea" o comete peculado por el orden de millones de balboas?

El corrupto diluye su afectación entre tantos, que pareciera un personaje al que se le puede tolerar y hasta olvidar su acción; pero es tan maleante o más maleante que el que mató, porque él es promotor del sistema que produce a los sociópatas que han entrado en la cultura de la muerte.

El problema radica en la enfermedad social que padecemos. Está distorsión pasa por la política, entendiendo ésta como la búsqueda del bien común y no la oportunidad de ser electo o nombrados para satisfacer apetitos personales.

Constituyamos la nueva república con un amplio acuerdo nacional para poner orden a nivel político, social y económico. Es insostenible el modelo que genera tanto malestar.

El autor es odontólogo y político
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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