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Panamá, jueves 31 de enero de 2008
 

RELACIONES RESQUEBRAJADAS.

La nueva obsesión de Chávez

Lee Anne Gómez Vaca

Colombia afronta una crisis que carece de novedad, pero que sigue dando noticia: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han acaparado la atención de la prensa internacional especialmente en las últimas semanas. La imagen del presidente venezolano Hugo Chávez, conocido ya por sus ideas poco ortodoxas para no llamarlas desquiciadas, al tratar de dar una apreciación a las FARC de "fuerzas beligerantes" ha recorrido el mundo entero. Las reacciones no se hicieron esperar, ya que es totalmente descabellada la sola idea de dar semejante adjetivo a un grupo que está abiertamente vinculado a prácticas que atentan contra los derechos humanos.

El Ejército del Pueblo, como también se hacen llamar, ha sufrido una metamorfosis evidente durante sus más de 40 años de existencia. Atrás quedó el pequeño grupo de autodefensa campesina que ante los ojos del gobierno era mirado como una pequeña guerrilla. Las FARC se convirtieron en una fuerza organizada que ha azotado al pueblo colombiano con un oleaje implacable de secuestros, asesinatos, narcotráfico, chantajes y violaciones. El colombiano se ha resignado a vivir en un país inseguro, donde la explosión de un cochebomba es un hecho de cualquier día. ¿Cómo no declarar terroristas a los protagonistas de estas acciones?

Las gestiones de Chávez para la reciente liberación de Clara Rojas y Consuelo González fueron el gatillo de toda esta tragicomedia. En medio de escenas verdaderamente emotivas en la cuales las dos rehenes se reencuentran después de seis años con sus familiares, Chávez toma el control de la situación con un protagonismo absurdo. Su petición ridícula a los gobiernos del continente americano y del mundo de considerar a las FARC como fuerzas insurgentes de Colombia levantó respuestas inmediatas de rechazo. En su discursillo de héroe humanitario, Chávez, de cierto modo justifica a las FARC y les da el título de verdadero ejército del territorio colombiano.

Pero siendo realmente objetiva, y mirando sin cálculos el panorama, me pregunto: ¿cuáles son las reales intenciones de Chávez? ¿Habrá realmente hasta cierto grado el deseo de llegar a entablar un proceso de paz? No me atrevo a hacer aseveraciones sin bases firmes, pero el vínculo Chávez–FARC no me deja un buen sabor. La historia no miente, y es que todos sabemos que anteriores intentos de mediación para la paz han sido estériles por incumplimiento de las FARC.

En su contraparte, la postura del presidente Álvaro Uribe ha sido particularmente elogiable. Desde inicios de su mandato se intensificó la lucha contra la guerrilla, siendo este uno de los nortes de su gobierno. Por eso cómo aceptar cambiar el estatus de terroristas a quienes han amenazado su propia vida. Las intromisiones indiscretas de Chávez no cambian en lo absoluto la política con la cual Uribe ha manejado este tema. No se podía esperar menos de un líder que el pueblo reeligió por mayoría de votos y que estoy segura nuevamente reeligiría si su Constitución lo permitiera.

Es definitiva, las relaciones entre Venezuela y Colombia ya resquebrajadas ahora penden de un hilo. Las declaraciones de Chávez contra el gobierno colombiano dirigidas directamente a Uribe son desmedidas. La consigna de Chávez contra "el imperialismo yanqui" al cual acusa de no permitir fumar la pipa de la paz entre Colombia y las FARC raya en la obsesión.

Las FARC han sobrevivido más de una decena de presidencias, pero es evidente que han perdido fuerza. El hermano pueblo colombiano está cansado y exige poner fin a este conflicto. Todos anhelamos poder llegar a ver ese día.

La autora es médica interna
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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