MODELO DE PROTECCIÓN.
Sujetos plenos de derechos y deberes
Jacinta Baloy Ortiz
Como profesional del derecho y persona actualizada en materia de protección, abuso, maltrato y abandono del menor, entre otros temas, sé que el reconocimiento de la condición de ciudadano de las personas menores de edad implica el reconocimiento de sus derechos y deberes fundamentales para contar con una sociedad, a futuro, conformada por personas a las que se les hizo partícipes del proceso de transformación del Estado.
Estos derechos y deberes se pueden traducir en la efectividad de una vida saludable, nutrición y equilibrio emocional dentro de la familia y la comunidad, respetando y reconociendo los derechos de los demás.
La efectividad del principio de igualdad de oportunidades, como base del modelo económico que se adopta a nivel globalizado, requiere que el individuo desarrolle sus capacidades desde la infancia hasta su madurez. Somos conscientes de los cambios que tenemos que hacer en las políticas públicas del Estado, por eso apoyo la iniciativa de un Código de Protección Integral para la Niñez y la Adolescencia, cuyo marco normativo general fija garantías en el ejercicio de los derechos y deberes de las personas menores de edad, estableciendo disposiciones sustantivas y procesales como mecanismos de exigibilidad para garantizar el ejercicio pleno de sus derechos, deberes y garantías, y en el caso de ser necesario, restablecer los derechos vulnerados.
El modelo de protección actual ubica a los menores de edad como un problema social que requiere de cuidado, como sujetos que no cuentan con criterio propio para la toma de decisiones, por lo tanto se les niega su participación en la búsqueda de la solución del problema, impidiendo que construyan soluciones efectivas y desarrollen su carácter.
La protección integral es definida como un sistema conformado a su vez por subsistemas, legal, familiar, administrativo y judicial que tiene como fin el fortalecimiento del rol de la familia en la realización efectiva de los derechos y deberes de la niñez y adolescencia, generando las condiciones necesarias que permitan su inclusión social. Este proyecto abarca no sólo conceptos fundamentales y directrices generales, sino que deja claro la cadena de responsabilidades entre la familia, la comunidad y el Estado, como instrumentos para desarrollar dichas políticas.
El modelo de protección actualmente en discusión se encamina al reconocimiento efectivo de las personas menores de edad como "sujetos plenos de derechos y deberes" y protagonistas de su desarrollo, lo que implica replantear la relación persona adulta–persona menor de edad, para lograr el respeto de los involucrados. Démosle valor a las normas ratificadas como la Convención de los Derechos del Niño para que no queden como letra muerta, asumiendo los compromisos necesarios. Para un análisis de fondo les recomiendo los libros de Edson Seda, entre ellos su última obra Yo Niño. Los niños son buenos para la democracia, es hora de romper paradigmas.
La autora es abogada
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