Tras la rumba
La Bella de Louisiana tiene un repertorio culinario igualado únicamente por la inventiva de sus ‘bartenders’. Tienes la cocina ‘creole’, la ‘cajun’ y el glorioso, el inigualable, restaurativo y exquisito Brunch, ¡de lunes a domingo!
Ana Alfaro
Especial para La Prensa
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si no tienes aún destino de último minuto para Carnaval, puedes considerar Nueva Orleans. En la red, lastminutetravel.com, orbit.com o expedia. com te pueden ayudar. Una vez apeado de tu jet, te montas en un tranvía llamado Deseo, que es sinónimo de montarse en un patín llamado Gula y un vapor llamado Rumba.
En Nueva Orleans, inmortalizado por –entre muchos otros escritores— Tennessee Williams, no caminas mucho sin encontrar un strip joint, un bar o una tienda de souvenirs absurdamente caros. Esta ciudad nunca duerme, dicen los turistas ojerosos que, transportados a la belleza del Mississipi, destapan en un fin de semana las inhibiciones embotelladas en su ciudad de origen.
Otros, los más duchos, reconocen su ritmo circadiano. Más que otras, esta ciudad se rige por los apetitos, los ritmos internos de transeúntes y lugareños: todos nutren su alma de jazz, reggae, zydeco. Su cuerpo, de gumbo, huevos Benedict, jambalaya, muffaletta.
El Brunch es esencial para Carnaval. Te forra el estómago y a la vez, te permite "el empate" de manera civilizada. En un famoso enclave, Brennan’s, puedes comenzar por el famoso Brandy Milk Punch; o por el Mr. Funk of New Orleans (champaña, jugo de arándano y schnapps de melocotón), o Bloody Mary, Mimosa, Kir Royale. Y luego vienen los huevos tipo Benedict. Están los Sardou, con fondos de alcachofa, espinacas y holandesa; los Bayou Lafourche, creación propia de la casa; los Hussarde, con Canadian bacon sobre Holland rusks (especie de panecillo), bañados con salsa Marchand de vin (en términos simples, una reducción de fondo de ternera con vino tinto), los Owen, con un magnífico picadillo de filete y salsa Marchand de Vin, o los Shannon, con trucha apanada y holandesa.
Galatoire’s es otro ícono de la restauración creole. En un tranvía llamado Deseo, Stella lleva a Blanche a comer ahí, mientras Stanley juega póquer. Otro incunable, el más antiguo, es Antoine’s (en servicio continuo desde 1840), con sus salones-museos dedicados al Carnaval. Las ostras Rockefeller se inventaron aquí: asadas bajo una salsa a base de espi-nacas y absinthe tan ricas que merecieron el nombre del entonces más rico hombre del planeta.
Vea Celebrada en el Barrio Francés
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