ESTADOS UNIDOS.
Se acabó la fiesta, el último año de Bush
Peer Meinert
George W. Bush está más viejo y le han salido más canas, huellas de siete años en la Casa Blanca marcados por atentados terroristas y la guerra de Irak. Cuando el cuadragésimo tercer presidente de EU accedió al poder, el mundo era todavía de otra manera. Pero ahora, a falta de un año para que se vaya, lucha por la imagen que quedará de él en la historia.
"Tuvimos que tomar decisiones difíciles sobre la guerra y la paz", comenzaba su último discurso sobre el estado de la nación. ¿Un primer canto de cisne?
Su tono se ha vuelto más suave, más modesto. Antes, en estas ocasiones a Bush le gustaba hablar del "eje del mal", pero este tipo de palabras ya no se escuchan. En lugar de explicar su visión de una "paz americana" para Cercano Oriente y del triunfo mundial de la libertad y la democracia, Bush se ha tenido que ocupar esta vez de la delicada situación económica en casa. "Las realidades de los últimos años de la legislatura desplazan las grandes ideas a un segundo plano", comentaba ayer The Washington Post.
Ironías de la historia: durante años, el terror y la violencia en Irak castigaron al presidente estadounidense, mientras que ahora, que por primera vez puede presentar avances, la opinión pública de su país apenas presta atención al tema. "Hoy el presidente no se beneficia de la mejora de la situación de seguridad en Irak", añade el rotativo. "En lugar de eso, se concentra cada vez más en la golpeada economía".
Corren malos tiempos para Bush. Las encuestas sitúan su popularidad bajo mínimos y solo un 32% de sus compatriotas apoya su política. Y lo que es peor: apenas un 28% respalda su gestión económica. "Al igual que su padre, se enfrenta a dejar el cargo con un mal sabor de boca en el aspecto económico", vaticina The New York Times.
La palabra "miedo" aparece cada vez con más frecuencia en los medios estadounidenses. Miedo a una recesión, miedo de la clase media a caer en picado. El 75% de los estadounidenses opina, según las encuestas, que algo va mal en el país. Por eso no sorprende que en su discurso Bush no tratara de hacer balance, sino de mirar hacia adelante, al "sprint de los objetivos", como describió floridamente su portavoz Dana Perino.
Este ambiente negativo que se respira en el país afecta también a los aspirantes republicanos a la presidencia. Los compañeros de partido de Bush se distancian claramente de él. Change, cambio, es la palabra del momento. Según los críticos, Bush ha conducido a su propio partido a una profunda crisis. "Se acabó la fiesta", opinaba Newsweek.
"A Mr. Bush todavía le quedan 51 semanas de legislatura", escribe The New York Times. "Pensaba que en este tiempo podría concentrarse en lograr la paz en Cercano Oriente y la estabilidad en Irak. Pero en lugar de eso, le espera una nueva batalla en el frente patrio".
Entre los que escuchaban a Bush se sentaban ya los dos políticos que aspiran a heredar el cargo del presidente, de 61 años. El joven Barack Obama, de 46, podría convertirse en el primer negro al frente de la Casa Blanca, mientras que la ex primera dama Hillary Clinton aspira a ser la primera mujer en acceder a la presidencia. En la tarde del lunes, ni siquiera se dirigieron la mirada, pero ambos están de acuerdo en el rechazo a la "era Bush": "retórica vacía" para Obama, "política fracasada" para Clinton.
DPA
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