FRACASO SOCIAL.
Convirtiendo el paraíso en infierno
René Quevedo
El sábado pasado, el Club Activo 20-30 realizó su fiesta anual en las instalaciones de la Ciudadela Jesús y María en Howard. Directivos de esta organización y de la Fundación Ama-me, entregaron regalos a nuestros jóvenes, con quienes departieron en un evento lleno de alegría, música, así como demostraciones de cariño y una profunda convicción de que la problemática social de nuestra juventud requiere del compromiso y corresponsabilidad de toda la sociedad civil.
La realización de este evento pudo haber sido intrascendente en otros momentos, pero adquiere una importancia particular en la coyuntura actual, cuando nuestra sociedad sufre una explosión de violencia y un aumento de la criminalidad en adolescentes.
En 2007 el número de homicidios en Panamá y Colón cometidos por menores de edad aumentó en 27% vs. 2006, los robos 46% y los delitos graves en 53%, mientras que el 85% de los panameños se siente inseguro, y el 81% considera que la delincuencia irá aumentando. El asesinato de Boris Girón, escolta del alcalde Navarro, y del empresario Eduardo Cattán en Colón, han traído a la palestra un problema que parece estar fuera de control. Es preciso castigar a los delincuentes, bajo el entendimiento de que hoy tenemos niños matando y debemos abrir los ojos a la discusión de "edad para delinquir vs. edad para recibir castigo". Sin embargo ¿Es "solo castigo" la respuesta al problema de la delincuencia juvenil? ¿Cuál es la "pregunta"? Usar estadísticas "históricas o puntuales" para el desarrollo de acciones preventivas puede llevarnos a pretender conducir el automóvil mirando solo el espejo retrovisor; mientras que la discusión de "soluciones" exclusivamente represivas es buscar la fiebre en la sábana cuando nuestras cárceles tienen un 64% de sobrepoblación y 62.7% de los reclusos no ha sido juzgado.
El caldo de cultivo de la delincuencia es la niñez y adolescencia en riesgo social. La pobreza, desintegración familiar, violencia intrafamiliar, irresponsabilidad paterna e inexistencia de alternativas educativas son algunos de los factores. Panamá tiene 732 mil pobres menores de 20 años y nuestros juzgados ven anualmente más de 14 mil casos que involucran a menores. Este marco de pobreza y desintegración del núcleo familiar, así como un bombardeo mediático y musical de sexo, violencia y "juega vivo" crea condiciones ideales para el florecimiento de pandillas, que entre 1997 y 2007 aumentaron en número de 45 a más de 130 (solo en Panamá), y a menudo son la única "familia" que muchos de estos jóvenes conocen.
En materia de prevención de la delincuencia juvenil no está fracasando "el Gobierno", estamos fracasando como sociedad.
El autor es miembro Fundación Ama-me
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