LUCHA CONTRA LA DELINCUENCIA.
Hay que reivindicar al ‘sapo’
Roberto Castro
Este útil y hermoso animal prestó su nombre para que muchas comunidades del mundo denominen así a aquella persona que delata a otra. Se supone que ambas, el animal y el delator, tienen la boca muy grande. Podría decirse que el hampa mundial le tiene más miedo y odio al "sapo" que a la policía misma, razón por la cual, como forma de amedrentamiento, los maleantes acuñaron la expresión "todos los sapos mueren destripados".
Hasta hace un par de décadas, ser "sapo" era algo calificado como denigrante y hasta entre los niños nos acusábamos de "sapo" cuando delatábamos a algún compañerito ante la mamá o el profesor. Pero en la actualidad el avance de la criminalidad en el mundo es de una magnitud tal que las autoridades se ven incapaces de enfrentar su poderío, su sofisticación y sus métodos cada vez más sutiles y agresivos.
La sensación de inseguridad ha llevado a muchos países a pedir la cooperación ciudadana mediante la delación telefónica, instalando verdaderos call centers, donde todos los cuerpos de seguridad e inteligencia del Estado analizan detenidamente cada denuncia, desde la violencia doméstica hasta el narcotráfico, terrorismo, robo, asesinato, corrupción política, etc. Ha sido tan importante la participación ciudadana en ese sentido, que el estatus del delator ha subido de la categoría de "sapo" a la de "informante" o "cooperador", y por lo general no se exige la identificación del denunciante, aun a sabiendas de que la denuncia podría resultar falsa.
Se podría decir entonces que 10 funcionarios encerrados en un call center policial serían mil veces más efectivos que 100 policías patrullando las calles, siempre y cuando esas 10 personas estén altamente capacitadas y que exista en cada barrio un comando de atención inmediata (CAI), pequeña caseta ubicada por lo general en un parque público central, donde una pareja de motorizados o "linces" reciben las informaciones del call center y se activan de inmediato. También es fundamental que la ciudadanía esté constantemente motivada y decidida a asumir el papel de ser co partícipe de su propia seguridad. La denuncia ciudadana, identificada o anónima, serviría de valioso punto de partida para una investigación.
Más allá de los argumentos que se esgrimen en contra del tratamiento mancomunado de la inseguridad ciudadana, como podría ser la posible injerencia accidental en la vida privada de las personas o el posible peligro que podría correr el ciudadano delator, lo cierto del caso es que parece ser la única forma comprobada de bajar sustancialmente los índices delincuenciales. Es casi como convertir toda la ciudad o el país en una especie de "vecinos vigilantes" a través de una campaña de motivación permanente por parte del Estado.
Es indudable que esta idea debe ir aparejada, simultáneamente, con la modernización de la justicia y la conversión de los centros carcelarios en verdaderos centros de rehabilitación. De lo contrario, la ciudadanía comenzaría a percibir que su esfuerzo ha sido en vano, y dejaría de cooperar.
Panamá es un país pequeño, en donde tanto los nacionales como los extranjeros anhelan vivir en paz y con esa agradable sensación de seguridad constante que caracteriza a las sociedades avanzadas. ¡Qué viva el sapo!
El autor es ingeniero administrador
|