Los acontecimientos de los últimos días demuestran el poco o ningún respeto que los criminales le guardan a la autoridad: grupos de narcotraficantes eficazmente constituidos, niños heridos en medio del fuego cruzado de bandas rivales, ciudadanos víctimas de balas perdidas mientras duermen, un escolta muerto a tiros por el hampa, un empresario asesinado a sangre fría en Colón…
A ello hay que agregar que -en medio de la desesperación al llamar a la Policía- la línea de emergencias se encuentra inoperante. Todo ello nos obliga a concluir que se necesitan urgentes políticas de Estado para combatir el crimen con efectividad.
Por supuesto que hay que sumar a los padres de los menores para evitar su participación en el pandillerismo, pero eso es solo parte de la solución, pues muchos de esos niños-delincuentes actúan bajo órdenes de gánsteres que conspiran impunemente contra el orden y la Ley. Esperar más tiempo es solo darle oportunidad al monstruo a que siga creciendo. |