EFECTOS IMPREVISIBLES.
La primera recesión de EU en un mundo globalizado
Gustavo A. Valderrama R.
Durante el año 2007 me dediqué con especial atención a escribir sobre los problemas que estaban originando las hipotecas subprime, su efecto en los grandes bancos de inversión y en la economía en general. Hoy, algo más preocupado que entonces, explicaré cómo la falta de confianza o firmeza en los mensajes de la Fed (Reserva Federal de Estados Unidos) puede llegar a convertir una crisis en un colapso.
Para iniciar, haré una breve reseña en términos muy legibles de qué sucede. El dilema económico actual se inicia cuando un gran número de casas se vendió bajo préstamos hipotecarios a personas sin un historial de crédito firme, estos préstamos estaban estructurados sobre una tasa flotante; sin embargo, cuando se adquirieron, la tasa de interés de los fondos federales rondaba el 1%, lo que hacía muy accesible hacerle frente al pago. Con el transcurrir del tiempo esta tasa subió y llegó a estar en 5.25%, lo que rompió el supuesto que soportaba el riesgo de este tipo de préstamos, los cuales eran: las casas nunca perderían valor y las personas no se retrasarían en sus pagos. Estas hipotecas originalmente se financiaron con un sistema llamado "vehículo de inversión estructurada (SIV)", complejo sistema, el cual básicamente reparte el riesgo y nadie lo asume directamente. Pero cuando las personas comenzaron a retrasarse en sus pagos de hipotecas, las casas fueron embargadas, lo que provocó que los activos que respaldaban las deudas perdieran valor y compradores; de allí que tanto las casas (por aumento de inventario) como los activos financieros (por falta de responsable en la garantía), perdían valor. Hoy en día las pérdidas ascienden a 100 mil millones de dólares, pero aún existen préstamos de este tipo hasta por un billón de dólares, de los cuales es posible que se pierda valor por unos 400 mil millones, lo que nos anuncia solo la punta del iceberg.
Ahora bien, el hecho de que el pasado miércoles 21 de enero la Fed rebajara 75 puntos básicos (0.75%) de una sola vez, es un claro mensaje de la existencia de una preocupación irracional (demuestras tu miedo sin temor a lo que piensen) y en segundo lugar queda en evidencia el temor de que "el dinero no fluye entre bancos", es decir, la desconfianza está presente en los mercados, por consiguiente, deben bajar las tasas tanto, para que se atrevan a prestar. Pudiéramos hacer una analogía con el juego del pipón o Clue en donde todos sospechamos de todos y no creemos en nadie. Ahora bien, la preocupación es tanta que Bernanke (actual presidente de la Fed) no recuerda que hace solo seis o siete meses no se decidía a bajar las tasas por temor a la presión inflacionaria y hoy ha dejado ese argumento de lado, al punto de bajar tanto las tasas, aunque después tenga que hacerle frente a una inflación pertinaz (ya la inflación actual es mayor que la tendencia histórica, a pesar de que la economía de EU está al borde de la recesión).
Cuando Keynes propuso la teoría del gasto agregado para resolver la crisis de confianza más grande enfrentada en Estados Unidos en 1929, lo hizo por medio de la participación directa del Gobierno. Éste a través de su impulso tenía que devolver la confianza al sistema por medio del gasto del Gobierno. Hoy en día al parecer el Gobierno del presidente Bush desea recetar algo similar; el problema de Bush es que el déficit del gobierno está tan elevado y por tanto el dólar tan devaluado, que nadie sabe cuánto más pueda seguir gastando el Gobierno para inyectar dinamismo económico. Y es que, si la gente está temerosa de una recesión, automáticamente pospone las compras y si el Gobierno decide realizar algún tipo de transferencia a las familias para que gasten, éstos estarán reacios a gastarlo; por una parte porque tienen incertidumbre por el futuro y por otra, porque saben que después el Gobierno lo cobrará con creces.
En conclusión, sigo con mi recomendación: No se lo gaste todo. Si bien hoy en día Panamá se encuentra en un excelente momento, estamos frente a un nuevo escenario de un mundo globalizado y los efectos pueden ser mucho más considerables; es decir, enfrentamos la primera crisis estadounidense con globalización, por tanto nadie sabe qué efectos se puedan derivar.
Y es que en la medida en que una gran parte de nuestro crecimiento sea producto del auge externo, como el turismo, los tránsitos por el Canal, la balanza comercial, así mismo se afectará dicho crecimiento. De todo esto lo único positivo es que si la crisis se profundiza, la presión sobre los precios que hemos venido sufriendo tendrá que ceder, desde los alimentos hasta el petróleo.
Aún es muy prematuro para ver la reacción de los mercados, pero de que el paciente está en cuidados intensivos no hay duda.
El autor es economista
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