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Panamá, domingo 27 de enero de 2008
 

turismo ecológico. cueva, biodiversidad y aventura.

Imágenes

Recorrido por el Bayano

omó alrededor de dos horas llegar hasta el puerto cerca del puente sobre el río Bayano. Era una mañana de la época lluviosa, brillante y calurosa, con nubes regadas sobre un cielo azul grisáceo. Arrancó la lancha y avanzó sobre el lago. El motor hipnotizaba a la tripulación, mientras admiraban el vasto lago. Troncos secos, señal de un bosque inundado, emergían del agua, hacia donde águilas pescadoras se lanzaban para capturar sus presas.

Luego de una media hora, el ruido del motor bajó de tono, llegando a la pequeña comunidad de Pueblo Nuevo. A un costado, un riachuelo indicaba el camino. Lentamente, las sombras de la vegetación cubrían el sol y el camino se tornaba más estrecho, mientras navegaban con precaución dentro de la montaña.

La oscuridad era total, un silencio se apoderó de la tripulación, llena de asombro e incertidumbre. Las paredes y techo de la cueva eran abruptas y filosas, el agua caía de todos lados, como estar en un submarino en su tiempo final.

La embarcación llegó hasta un banco de arena, al lado, una cascada. La iluminación amarillenta de las linternas pintaba una escena alucinante. El grupo desembarcó y siguió a pie. En algunos lugares, el agua llegaba hasta el pecho, en otros había que escalar, pero en todos seguían adelante con la adrenalina nublando la razón. Al finalizar la cueva, un claro los esperaba; un antiguo derrumbe de rocas inmensas rodeadas de árboles, ideal para descansar.

El descanso fue breve, el cielo se tornaba gris y en este lugar hay que tener cuidado de no ser sorprendido por una cabeza de agua.

De vuelta en el bote, el grupo salió hasta el otro costado de Pueblo Nuevo, esta vez río arriba atravesando un cañón. Sus enormes paredes albergaban una especie de "microclima", algo fresco y lleno de vida. Les dio la bienvenida una culebra cazadora enrollada en una rama. A la distancia se veían gavilanes, garzas, cormoranes y de vez en cuando, un martín pescador. Poco a poco, el río perdía profundidad hasta llegar a un punto donde el bote no podía avanzar más, razón suficiente para dar la vuelta y regresar a la ciudad de Panamá.

LLUVIA DE LUZ- Alrededor del mediodía, los rayos del sol inundan la cueva, filtrándose por las áreas donde el techo ha colapsado. ROCAS- Dentro de la cueva se observan diversas formaciones rocosas, como esta ‘flor de gypsum’.
CAZADORA- Entre las hojas de una rama que colgaba justo sobre el bote, esta culebra cazadora permanecía inmóvil. ADENTRO- Debido a la época lluviosa, el nivel del agua era alto, lo que permitió la entrada con el bote, a remo, con el motor apagado y en silencio. Ese silencio fue repentinamente interrumpido por el aleteo de miles de murciélagos, dándoles a todos un buen susto.
VUELO DEL CORMORÁN- Al ras del agua, despega un cormorán, su cuerpo reflejado en las tranquilas aguas.

Texto y fotos: Alexander Arosemena

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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