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Panamá, domingo 27 de enero de 2008
 

LIMITANTES PARA LA PROMOCIÓN LABORAL.

La contradicción de ser madre

Emma Mendoza

En nuestro país, como en muchos otros, la maternidad, amén de su inefable papel social, enfrenta todas las dificultades que el mundo moderno le impone a la mujer en su doble rol de madre y trabajadora. Es así que por muchas leyes que se promulguen para la protección de la prole y los futuros ciudadanos se convierten en letra muerta cuando se trata de aplicarlas. En nuestro país se ha incorporado la práctica de establecer como prerrequisito para la contratación femenina la prueba de embarazo, aún careciendo ello de un fundamento legal y violando preceptos universales en esta materia, tal como pudimos constatar en la investigación. De manera explícita o velada, la maternidad y las licencias respectivas han sido limitantes para la promoción laboral y el mejoramiento económico de muchas mujeres que han visto estancarse su carrera profesional como consecuencia de lo anterior.

En contrapartida, algunos empresarios y políticos con la avidez por los índices de sintonía o la desesperación preelectoral utilizan la maternidad de una conocida figura de la farándula local para aumentar su clientela. En uno u otro caso ese lazo íntimo entre madre e hijo (a) que cultural y religiosamente articula la sociedad a través de la familia, es violentado con el beneplácito de miles de personas que mañana y tarde se sientan frente al televisor expectantes del último detalle del proceso de gestación o de los asistentes al baby shower. Es lastimoso que ese principio histórico y psicológico que se encuentra en todas las culturas, como ala protectora de ese particular vínculo emocional entre madre e hijo, no se haga presente en este caso para resguardar el producto del trato sensacionalista y publicitario que no se daría si fuera una trabajadora de mantenimiento de la empresa mediática.

No se trata de la popularidad o prestancia de la madre, porque como antítesis podemos echar mano de figuras como la reina Isabel de Inglaterra, las actrices Demmi Moore y Julia Roberts o Jacqueline Kennedy en su papel de primera dama y de miles mujeres de reconocida fama que durante su etapa de gestación y crianza de sus hijos prefirieron acogerse a la intimidad de esos momentos, cuidándose de participar de la fiesta circense orquestada por los medios y paparazzi, plenamente conscientes de que la maternidad es un proceso personal y único, cuya vivencia es el testimonio primario de su realización como mujer.

Esa unión simbiótica entre madre e hijo (a), mediante la cual la madre encuentra su realización como mujer y el hijo experimenta su existencia por el cuidado y el amor materno, es el vínculo germinal que nos convierte en seres capaces de experimentar sentimientos y ordenar la razón. Dejarnos arrebatar esa herencia de acumulación psicológica, afectiva y ética por los innovadores recursos de la tecnología y el mercado, haría de esa condición sustancial el mecánico impulso reproductivo experimentado por la primera mujer en la vastedad de un desierto africano, desprovisto de esa afectividad que hasta el reino animal tiene presente.

Respetamos la opción de cada mujer en relación con la forma de llevar a cabo su embarazo, siempre y cuando esté garantizada la seguridad del niño. Pero de igual forma creemos necesario señalar, como mujer y como profesional, que ese proceso singular es un derecho y una experiencia que debe ser resguardada de cualquiera acción tendiente a enajenar nuestra condición de mujer para convertirla en mercancía publicitaria. No debemos permitir que la devoradora acción del neoliberalismo ingiera –tal como viene haciendo con la opinión pública, los sistemas políticos, las creencias, la flora, la fauna, los recursos marinos y el patrimonio cultural de los pueblos–, ese lazo de intimidad que la naturaleza, la fe religiosa, la sociedad y la condición de mujer ha puesto en nuestras manos para ser protegido como legado de la especie.

La autora es profesora de Sociología de la Universidad de Panamá
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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