Recientemente, Costa Rica fue mencionada en un estudio -que llevaron a cabo las universidades de Yale y Columbia- como el quinto país del mundo y el primero del continente americano que más respeta su medio ambiente.
No es una cuestión de suerte ese honroso lugar, pues tiene que ver con voluntad política y disciplina, cosa que ya deberíamos haber aprendido. Panamá es un país con clara vocación turística y ecológica, y poseemos razones para tenerla: nuestra idiosincrasia, nuestro Canal, nuestra biodiversidad. Pero las autoridades, miopes o ciegas, van por ahí firmando cuanto disparate le pongan en frente para satisfacer la voracidad de algunos que creen que este país fue hecho para su beneficio personal.
Parecen creer que nuestros bosques deben convertirse en lechos de cemento y acero. Quizá convendría recordarle a nuestros gobernantes que el turismo –incluyendo el ecológico- generó 2 mil millones de dólares a Costa Rica en 2007, y eso es más de 230 millones que el presupuesto del Canal de Panamá el año pasado. ¿Hacen falta más explicaciones?
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