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Panamá, sábado 26 de enero de 2008
 

PARTIDOS POLÍTICOS.

Migajas y desprendimiento

Marco Julio de Obaldía

A menos que tengan un "trompo amarrado", pareciera que la oposición persiste en la insensatez de ir dividida a las urnas. Sus dirigentes son brillantes, de manera que me siento cohibido al criticarlos, pero no entiendo su estrategia. Recuerden 1994, si van divididos, perderán las elecciones y parte de su fortuna.

Como son magníficos empresarios quizás estén "apostando" a la "gobernabilidad" durante cinco años más; es claro que sus gastos de campaña les serían resarcidos con largueza, pues han de saber que políticamente únicamente recibirían migajas, dado que el sistema electoral, maquiavélicamente diseñado durante la dictadura, eso es lo único que otorga a los partidos menores, especialmente en circuitos plurinominales.

Esta ley, al igual que la Constitución, diseña un gobierno dictatorial democráticamente elegido al asegurar al partido mayoritario controlar, por lo menos, el poder Ejecutivo y el Legislativo.

Quizá esta estructura legal y constitucional no fue desmantelada desde el principio porque los políticos, siempre golosos, pensaron que ellos serían sus beneficiarios, olvidando una lección que nos ha dado la historia una y otra vez: los partidos acostumbran resucitar, así como también los versátiles políticos, particularmente aquellos que han colaborado con las dictaduras.

Desprendimiento. Noble sentimiento, sin duda, es el desprendimiento. No abunda, pero habita en algunas personas de cualquier país. En los políticos lo encontramos en la misma proporción en que lo encontramos en la sociedad en general. No concuerdo con la opinión de que el político siempre quiere ocupar la primera silla aunque sea un taburete con tres patas; tal vez algunos piensan que así complacen a sus seguidores, pero éstos no constituyen la mayoría. Las decisiones producto del desprendimiento –como los purgantes– deben ser tomadas en solitario. Si alguno, queriendo curarse en salud y engañándose a sí mismo, siente que "tiene la obligación moral" de consultar con sus copartidarios, es porque no ha tomado decisión alguna. Esperar desprendimiento de una persona es difícil, pero esperarlo de un grupo de individuos con ambiciones comunes, es como esperar piedad de una turba airada.

No puedo aconsejar a personas que me superan en todo salvo en edad, pero si mi "pálpito" de que buscan "gobernabilidad", es válido, ellos, como buenos administradores, saben que la actual "bonanza económica", injusta para la clase media y la de abajo, se debe más a factores externos que internos. Internamente es preciso disminuir las bellaquerías, procurar hacer justicia a las clases más necesitadas y utilizar otros parámetros para medir la bonanza; ya que los parámetros utilizados son desde luego, globalizantes y por tanto, enigmáticos, si no parcializados y maliciosamente engañosos, dado que su meta es el enriquecimiento y no el bienestar del ser humano; han hecho del PIB, y el bienestar y felicidad humanas una ecuación que, a mi juicio, es falsa si no totalmente repulsiva.

Somos muy propensos a copiar experiencias de otros países y sabemos que las "interpartidarias" han tenido éxito en otras latitudes; oso adelantarme a opinar que en nuestro país serían un fiasco. Dado que los aspirantes son buenos administradores, pónganse de acuerdo en esto; escojan un solo candidato a la presidencia objetivamente y con desprendimiento, esperen que sea la historia y no sus copartidarios de hoy, quienes los juzguen y además voten todos con papeleta común para los diferentes cargos de elección popular.

De ganar, que sería posible si bien no probable, aprueben una ley electoral que permita la representación de las minorías, pues eso siempre es saludable, así como la "segunda vuelta", de esta manera quizá se pueda conjurar o posponer el efecto explosivo que sentimos que se fermenta en la población más perjudicada, incluyendo la clase media para abajo.

El autor es ingeniero y profesor jubilado

© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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