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Panamá, sábado 26 de enero de 2008
 

DESUNIÓN.

Estulticia opositora

Luis Macías Fonseca

Da la impresión, en lo que respecta al caso panameño, que la política no obedece a estrategias debidamente diseñadas, sino que más bien responde al método del ensayo y error. La simulación y las formas que adopta no hacen más que atrofiarla y, desde luego, retrasarla significativamente.

Desde luego, para quienes la política en Panamá, es una forma de vida y de la misma manera un negocio, el entendimiento de ella, la reducen a un entremés, como una forma de desviarla de su esencia. Esto explica la pobrísima actuación del político panameño y la razón fundamental del pésimo papel que asume. Así las cosas, por el lado del oficialismo el interés por preservar el poder constituye su misión principal, sin detenerse a evaluar –con cientificidad– la gestión realizada. Para ello arbitran todos los mecanismos que permitan la asimilación de su "aparente eficiencia".

La forma selectiva y excluyente como se ha administrado la cosa pública y el afianzamiento de los índices delincuenciales y de la violencia, la corrupción galopante, a la par del desempleo, de la pobreza, y el encarecimiento de la vida, dan cuenta de que la acción de gobernar no ha sido del todo exitosa.

Mostrar el "crecimiento económico" como parte de un discurso que busca convencer –pero no de resolver– es, de la misma manera, parte de la táctica para acondicionar mentalidades a favor del "éxito gubernamental". Es todo esto, lo que explica, la reserva con que gran parte de la comunidad observa al gobierno perrediano.

No obstante lo anterior, el panorama bastante sombrío de la mal llamada "oposición", encuentra un discurso incoherente, insustancial, anémico y hasta folklórico. El planteamiento de que no es necesaria la unificación de los sectores opositores para triunfar en las elecciones venideras, es altamente indicativo, de la estulticia de esa mal identificada "fuerza opositora".

El argumento ilusorio de que en un pasado pudo triunfar, no teniendo un único candidato a la Presidencia de la República, no significa necesariamente que debe o puede repetirse el fenómeno. No hay que olvidar que los contextos no son iguales. Y, es claro que mientras el partido oficialista, a pesar de sus contradicciones internas, crece en adeptos, tiene a su favor la conciencia clara de que la oposición es frágil y eso, no únicamente le da confianza sino que lo fortalece, porque además entiende que tiene el control del poder político, y todo lo que eso significa.

El asunto, igualmente, pesa negativamente para la oposición, que a lo largo de lo que transcurre la gestión gubernamental no ha sido capaz de un planteamiento consistente y de una acción vigorosa que cuestione permanentemente y que se constituya en el Catón del Gobierno. Es esa, su más grande debilidad. Por ello, cuando aparece, fugazmente, como para no perder totalmente presencia –y también– algunos de sus personeros con discursos apurados y sin forma, dan la impresión risible de que son parte de una tira cómica.

Esa oposición no ha sido capaz, de presentar fórmulas de solución a los problemas nacionales. Su papel en el legislativo, con contadas excepciones ha sido altamente mediocre, y su ausencia ante las jornadas reivindicativas populares ha sido notoria. Desafortunadamente, y con retraso –hoy pretende presentarse consecuente– justamente cuando se activan los colectivos políticos en busca de una definición interna para las próximas elecciones generales.

La comunidad por su parte, atisba con seriedad el gran esfuerzo que ha de realizar la oposición política, para alcanzar el gobierno. La única forma viable, y quizás posible, es con una unificación de sus llamadas "fuerzas", y con un potable candidato presidencial que porte una propuesta convincente que penetre en verdad la conciencia de las masas.

Por el momento, no aparece con reales probabilidades una tercera fuerza, que además no existe, y mientras la izquierda fraccionada también, no encuentre identificación, en propósitos y acción, que le permita tener presencia en el ruedo electoral, la población tendrá que ser parte del juego que mantienen el Gobierno para quedarse y la oposición para llegar.

El autor es docente universitario
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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