MOVIMIENTO DE FICHAS.
Para adecentar la justicia
Rodrigo Jaime Miranda Hernández
En 1912 Leonardo Torres Quevedo creó el ajedrecista, un autómata que hizo su debut durante la Feria de París de 1914, generó gran expectación en esa época y hubo una importante mención en la Scientific American como: "Torres and His Remarkable Device". Utilizando electroimanes bajo el tablero de ajedrez, jugaba automáticamente hasta el final con un rey y una torre contra un rey, desde cualquier posición sin ninguna intervención humana. Lástima que no podemos decir lo mismo del licenciado Harley Mitchell, quien llegó a la Corte Suprema de Justicia con una intervención sobrehumana. Al ver la foto que aparece en la página 8A de La Prensa del 22 de enero de 2008, donde el Presidente camina al lado de la magistrada de Troitiño, seguido de la horda de "turiferarios" de siempre sonrientes y felices, de esas que nunca falta cuando llegas a estos puestos transitorios.
Este abogado–magistrado–presidente parece que tiene que tomar clases con el ajedrecista elevado a verdadero omnisciente, ya que tiene que aprender a mover las fichas de manera más eficaz. ¿Por qué? Porque esos cambios cosméticos mínimos, sin ninguna importancia, que ha realizado no sirven. Este señor tiene que sentarse con gente objetiva, inteligente y sobre todo imparcial, con abogados litigantes, de esos que caminan a diario los pasillos del palacio de justicia. ¿Para qué? Para mover las fichas como debe ser, de forma correcta y lógica. Señor licenciado–magistrado–presidente, las fichas hay que moverlas en todo el país, hay que realizar movimientos estratégicos, que llamaríamos "la nueva reingenieria judicial" para remover reyes y reinas que ponen el tablero mate, velado y sombrío. ¿Quiere ejemplos? Se los proporcionamos para hacerle más fácil la tarea faraónica que debe hacer, en todo el país, principalmente en Chiriquí, donde los jueces y secretarios hacen su voluntad: cada distrito judicial tiene su propio Código Judicial, peor aún, cada juzgado tiene su propio Código de Procedimiento y para más quebranto del litigante, cada secretario o secretaria judicial también tiene su código interno de procedimiento, todo esto con autarquía de su superior, que está muy ocupado y le da estas preferencias y canonjías. Licenciado Mitchell, esta es su oportunidad de pasar a la historia del país como sus antecesores (no los de este siglo por supuesto...), mueva las fichas de su tablero en el Órgano Judicial de manera que los ciudadanos, los abogados litigantes y la historia dejen escrito que usted no fue un autómata construido en 1912 y manejado por intereses políticos y personales de unos cuantos. ¡Por favor!, póngale fin a estos funcionarios que lo único que hacen es tiznar la poca justicia que hay en este país agobiado por los políticos trasnochados, oportunistas y anacrónicos, que en la única justicia en la que creen es la de sus bolsillos.
El autor es publicista y abogado
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