VENTA AL MEJOR POSTOR.
Los nuevos conquistadores
974524Carlos Eduardo Galán Ponce
Cuando al final de su travesía hacia el nuevo mundo los ojos de los navegantes españoles, al mando de Cristóbal Colón, vieron por fin romperse la monotonía del océano, gritaron triunfalmente: "¡Tierra!". Ese era precisamente el objetivo de las cuestionadas expediciones en las que, cuenta la historia, se dispusieron hasta de las joyas de la reina Isabel. 450 años después, en otro incidente histórico, el hacendoso Japón, mediante un acto contrario a su tradicional concepto del honor, decide tomar parte en la II gran guerra, con el mismo propósito, el incremento del primordial patrimonio de toda nación: la "tierra". Mencionar más ejemplos ocurridos antes, dentro de esos 450 años y después de ellos no tiene objeto, fuera de que deben ser del conocimiento de cualquier persona medianamente conocedora de la historia, haría una lista interminable.
Pero en esta época, las anémicas facultades intelectuales y la falta de patriotismo de los gobernantes de algunos países latinos pequeños han hecho que para apoderarse de la tierra ajena, esas engorrosas y peligrosas aventuras ya no sean necesarias, ahora el nuevo apoderado solo necesita de una abultada chequera, compartir con las autoridades locales el mismo culto enfermizo por el dinero y un total y absoluto desprecio por la naturaleza y el medio ambiente. El mejor ejemplo somos nosotros, nuestras tierras están en promoción para la venta al mejor postor en la red electrónica y como refuerzo a esa campaña, los incontables viajes de los actuales gobernantes al extranjero son una combinación del placer, con la búsqueda de más compradores que vengan aquí a hacer cualquier cosa que ya no es permitida en sus lugares de origen. Panamá no es ni más feo ni más bonito que algún otro país de la América tropical, la naturaleza es igual de bella en todos ellos y con los medios actuales no hay distancias ni posiciones y si nos convertimos en el "destino favorito" de lo que sea es única y exclusivamente por la facilidad con que nos entregamos.
A los colonizadores españoles se les reclama que "se llevaron el oro" y tomando como cierta esa aseveración, hay que ver que eso ocurrió en una época muy lejana, que tuvo lugar por la fuerza y que requirió del valor y el esfuerzo de venir hasta aquí en condiciones muy difíciles. Pero en este mundo globalizado, los actuales gobernantes, en otra muestra de enanismo mental, salen ellos a buscar a los que ahora se "llevan el oro" y mientras que a los colonizadores les costó esfuerzos titánicos llegar aquí y cargar de vuelta con el botín, los "conquistadores" actuales viajan en jets y transfieren los dineros por cable. Qué cool, ¿verdad? Y hablando estrictamente de riqueza, yo creo que todo lo que pudieron llevarse los colonizadores, al valor de la época mientras duró su dominio, es una pezuña comparado con lo que hoy se toman en una semana solamente entre los casinos, la telefonía y la cuenta de luz.
En las economías de países desarrollados, con grandes mercados internos y un elevado poder adquisitivo surgen casi por inercia fortunas de tal magnitud, que al traerlas a estos países pequeños, no a gastar con generosidad como ocurre en países que promueven el verdadero turismo o a invertir en actividades permanentes de producción para la exportación, como la que ha convertido a Costa Rica en el primer exportador mundial de piña, sino a acaparar tierras para especular con el entredicho calificativo de "inversionistas" y a plantar proyectos contaminantes, han creado tal aumento en los precios de los bienes de consumo, que a la sociedad que depende de los niveles de ingresos locales, se le hace cada día más difícil soportarlos. Han inmerso al país por primera vez en esa temida espiral inflacionaria de la que solo puedes recuperarte con una gran dosis de determinación y de austeridad, que no son precisamente las virtudes que engalanan a gobernantes que se gastan 100 mil dólares al día en promover su ego. La tierra, lo primero que identifica a una nación y el origen del valor de todos los demás bienes, ha quedado convertida en un objeto inalcanzable para nuestras generaciones jóvenes y un privilegio exclusivo de los niveles de fortuna de los capitales extranjeros.
Incrementar la producción de energía eléctrica con recursos propios para satisfacer los aumentos normales de las necesidades del país es razonable, pero tomar nuestros ríos para aplacar la sed insaciable de refrigerar 24 horas al día esas torres monstruosas que se construyen en la capital para beneficio de unos pocos, diseñadas por individuos cuya codicia ya les ha embutido en la mente la idea de tapizar los parques con cemento y reemplazarlos por malls, donde el niño pierde su exposición al aire libre y solo aprende a forzar a sus padres a gastar dinero, es una ofensa a la inteligencia y a la tolerancia, especialmente de los residentes del interior del país al que se pretende saturar con embalses y plantas hidroeléctricas, deteriorando las fuentes hídricas que son la vida de nuestras comunidades. Algún día llegará un estadista que hará que esos mamotretos arquitectónicos asuman la responsabilidad de aportar su propia energía "limpia" y si es "sucia", que paguen ellos el precio variable del petróleo, de manera que las ambiciones particulares sean satisfechas con recursos de los beneficiados, sin involucrar el equilibrio de la naturaleza del país, ni los bolsillos de los que nada tienen que ver. Como decían nuestros abuelos, que cada uno se mate sus propias pulgas.
El autor es ingeniero agrónomo
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