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Panamá, viernes 25 de enero de 2008
 

ECOLOGÍA.

Panamá apoya la conservación de las tortugas

Gabriela Etchelecu

En los primeros días de este nuevo año Panamá aprobó la Convención Interamericana para la Protección y Conservación de Tortugas Marinas, mediante la Ley No. 8 del 4 de enero de 2008. El objetivo de esta convención, suscrita en Venezuela, es el de promover la protección, conservación y recuperación de las poblaciones de tortugas marinas y de sus hábitats, basándose en los datos científicos más fidedignos disponibles y considerando las características ambientales, socioeconómicas y culturales a nivel nacional.

Hay que destacar que esta convención es el único tratado internacional dedicado exclusivamente a las tortugas marinas que establece los parámetros para la conservación de estos animales, actualmente en peligro de extinción.

Este documento ya ha sido aprobado por países como Brasil, Costa Rica, Ecuador, Honduras, México, Holanda, Venezuela, Belice, Estados Unidos, Guatemala, Uruguay y Perú, y entró en vigor en mayo de 2001, lo que es muy significativo, pues las tortugas marinas son animales migratorios que viajan grandes distancias.

Las medidas y áreas aisladas de protección han demostrado no ser efectivas para lograr una verdadera conservación de animales migratorios como las tortugas, ballenas, tiburones y otros, por eso es necesario tomar medidas y controles regionales.

Hay siete especies de tortugas marinas en el mundo y todas están en peligro de extinción. Panamá recibe la visita de cinco de estas siete especies. En el país hay algunas áreas aisladas para la protección de las tortugas marinas, tanto en el mar Caribe como en el océano Pacífico. Además, varios grupos de personas que trabajan arduamente para su protección, ya que localmente este animal se ve gravemente amenazado por la búsqueda de su carne y huevos.

Mundialmente las poblaciones de tortugas se han visto muy golpeadas también por la pesca incidental y las artes de pesca como los palangres y otras líneas de pesca de superficie en donde las tortugas quedan presas, y cuando los pescadores regresan a revisar sus redes y sus líneas las encuentran ya ahogadas. Esta práctica ha llevado, en gran medida, a estos animales al borde de la desaparición en muchos de los lugares en donde antes era común verlos. Como si las artes de pesca no selectivas y la masiva destrucción de las costas por los mega desarrollos y las industrias costeras no fuera suficiente, prevalece la errónea creencia de que los huevos de tortuga son afrodisíacos, por eso, son consumidos por hombres con problemas e inseguridades sexuales en muchos lugares de nuestro país. A pesar de que ya es bien sabido que los huevos de tortuga no ayudan a la potencia sexual, persiste el consumo. El tráfico ilegal de los huevecillos que está acabando con los pocos sitios de anidación en nuestro país, al punto de que ya no tenemos ninguna playa de verdadero arribaje, como hace algunos años.

Hemos perdido un patrimonio irrecuperable, en gran medida, porque muchas de las playas adonde iban las tortugas están ahora ocupadas por condominios o futuras industrias, como refinerías y procesadoras que producen desechos tóxicos. Es necesario fortalecer y crear áreas marino–costeras protegidas, con base a justificaciones científicas y criterios de selección serios. Lugares como playa Malena, en Veraguas, e Isla Cañas, en Los Santos, y otros en Panamá cuentan con alguna protección en papel; sin embargo, hace falta mayor implementación y patrullajes de las zonas de anidación. Afortunadamente playa Malena está por declararse "zona especial de manejo" por la nueva Arap, lo que permitirá establecer e implementar mejores medidas de control para salvaguardar algo de lo que nos queda de estas poblaciones.

Así como lo logra esta convención, que es una prueba de cooperación internacional en materia de conservación y manejo de los recursos marinos compartidos entre los países, es necesario copiar este tipo de iniciativas para la protección de otras especies migratorias en peligro, como los tiburones, que son los depredadores principales del mar y, por consiguiente, indispensables en la cadena ecológica. Solo mediante cooperación y con buena voluntad entre los países de la región lograremos mitigar y controlar los daños hechos al ecosistema y, por tanto, a nuestra calidad de vida actual y futura.

La autora es directora ejecutiva de la Fundación MarViva
© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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