TIEMPO PARA COMPARTIR.
La felicidad… el entusiasmo… y la comida
I. Roberto Eisenmann, Jr.
En un ensayo filosófico Bertrand Russell nos escribe sobre la conquista de la felicidad. Tiene un capítulo que me llamó poderosamente la atención; se titula "Entusiasmo". Dice que el rasgo más universal y distintivo que ha encontrado en las personas felices es el entusiasmo. Indica que la mejor manera de comprender lo que se entiende por entusiasmo es considerar los diferentes comportamientos de las personas cuando se sientan a comer.
Para algunos, la comida no es más que un aburrimiento; por muy buena que esté, a ellos no les parece interesante. Tienen una larga lista de comidas que "no les gusta", aun cuando en la mayoría de los casos nunca las hayan probado. Para ellos las comidas son un fastidio convencional que no se pueden evitar.
Hay otros que son como inválidos de la mesa: comen por puro sentido del deber, porque el médico les ha dicho que es necesario para conservar la salud. Por otra parte, están los epicúreos que empiezan muy animados y entonces van descubriendo y explicando que nada está tan bien como debiera estar.
Otra categoría es la de los glotones que se lanzan a comer con voracidad para "llenarse", y terminan quejándose hinchados y llenos de gases. Finalmente, hay los que con entusiasmo participan del banquete de la vida y demuestran actitudes similares ante todas las cosas buenas que ésta les ofrece.
El ser humano feliz normalmente corresponde al último tipo de comensal descrito: su apetito en relación con la comida es el entusiasmo que tiene en relación con la vida. Lo más curioso es que entre todos los otros tipos de comensales que miran la comida sin entusiasmo, muchos sienten desprecio por los que ven el banquete con entusiasmo. Les parece una vulgaridad disfrutar de la comida… o disfrutar de la vida. Desde sus alturas, faltos de ilusión, contemplan con desprecio a los que consideran almas simples.
Cuántas más cosas le interesen a un hombre o una mujer, más oportunidades de felicidad tendrá y menos expuesto estará a los caprichos del destino, ya que si le falla una de las cosas siempre puede recurrir a otra.
La mente es una extraña máquina capaz de combinar de las maneras más asombrosas los materiales que se le ofrecen, pero sin materiales procedentes del mundo exterior se queda impotente. Así, el hombre cuya atención se dirige hacia adentro no encuentra nada digno de su interés, mientras que el que dirige su atención hacia afuera puede encontrar en su interior patrones hermosos o instructivos que lo conducen hacia el entusiasmo… y hacia la felicidad.
Russell nos ofrece materia para pensar. Tenemos tres veces al día cuando comemos y compartimos la mesa con hijos, familiares o amigos para, con nuestra entusiasta actitud, estar más cerca de la felicidad. ¡Gracias a Dios, a los chefs y a Aristóloga, en nuestro Panamá hay muchísimos restaurantes para todos los gustos… donde comer y compartir es un hermoso placer. ¡Buen provecho!
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
|